viernes 3 de febrero de 2012

Solucionario algunas actividades sobre la Población

5.1
             En la distribución de la población por sexos se aprecia un mayor número de nacimientos masculinos, esta mayoría se mantiene hasta los 25 años y a partir de esta edad desaparecen las diferencias para manifestarse de nuevo de forma inversa a partir de los 50. Las razones son de carácter biológico en el primer caso -debilidad genética del varón en los primeros años de vida y socioeconómico en el segundo -tardía incorporación de la mujer al trabajo y determinados hábitos sociales.
 La estructura de la población por edad está bastante equilibrada, el mayor porcentaje se encuentra entre los 20 y los 65 años, no es aún una población excesivamente envejecida. Sin embargo, en la base de la pirámide se aprecia un gran descenso en el número de nacimientos a partir de 1975-80, que se explica por el control de natalidad característico de los países desarrollados (el factor fundamental de la natalidad es el nivel de desarrollo económico); y en la cima se puede observar una elevada esperanza de vida.   

Estos dos datos indican que la pirámide corresponde a un país desarrollado que, de seguir con esta tendencia, podría tener problemas fundamentalmente económicos (un número reducido de trabajadores tiene que soportar el peso de la población mayor de 65 años y de los jóvenes que son los que más gastos tienen tanto a nivel sanitario como educativo...), pero también políticos (tendencia al conservadurismo, necesidad de incorporación de trabajadores procedentes de otros países ante la falta de población joven...), sociales, etc. por el envejecimiento de la población y la inexistencia de recambio generacional.

 En el centro de la pirámide se observa un entrante que afecta a las barras de 45 a 55 años, es decir el descenso se corresponde con la década 1936-46 y se explica por la Guerra Civil y la lenta recuperación demográfica por los duros años de posguerra.
            Teniendo en cuenta estos datos se supone que el gobierno iniciará una política marcadamente natalista como ya se hizo en otros países europeos, para adelantarse a los acontecimientos y evitar las consecuencias negativas que se prevén analizando esta pirámide.

5.2.
La pirámide de España en 1998 es la de una población regresiva o decreciente, su forma de “urna” o “bulbo” con un fuerte entrante en la base y un gran abombamiento en los grupos de edad adulta, anuncia el progresivo envejecimiento de la población.

En la estructura de la población por sexos se aprecia un mayor número de población masculina en las barras inferiores debido al mayor número de nacimientos de varones, esta mayoría se mantiene hasta los 20-24 años. A partir de esta edad desaparecen las diferencias para manifestarse de nuevo de forma inversa en las barras superiores a partir de los 50 años. Las razones son de carácter biológico en el primer caso -debilidad genética del varón en los primeros años de vida- y socioeconómicas en el segundo -tardía incorporación de la mujer al trabajo remunerado y en la adquisición de determinados hábitos sociales que disminuyen la probabilidad de accidentes laborales y enfermedades cardiovasculares-.

           En la estructura de la población por grupos de edad se aprecia un fuerte entallamiento en la base, a partir de 1973, correspondiente a la barra del grupo de 20-24 años que se explica por el fuerte control de natalidad existente en España a partir de los años 70, característico de todos los países desarrollados (el factor fundamental de la natalidad es el nivel de desarrollo económico). El mayor porcentaje de población se encuentra entre los 20 y los 65 años, no es aún una población excesivamente envejecida; y en la cima se puede observar una elevada esperanza de vida.

Las causas explicativas son en primer lugar demográficas, ya que la tasa de fecundidad se ha reducido al elevarse mucho la edad media en la que la mujer contraía matrimonio (la tasa de fecundidad en España en 1991 era 1,2 hijos por mujer, la más baja del mundo). En segundo lugar, socioeconómicas pues existe una clara relación entre el nivel de desarrollo y la tasa de fecundidad puesto que la mejora del nivel de vida y la incorporación de la mujer al trabajo han reducido mucho la natalidad. Por último, los factores culturales e ideológicos también han contribuido a la disminución del número de nacimientos: la mejora del nivel de instrucción, la extensión de los métodos de anticoncepción y el cambio de mentalidad de la sociedad han llevado a la mujer a retrasar la edad de contraer pareja y a reducir el número de hijos.

Las consecuencias del mantenimiento de esta tendencia demográfica serían en primer lugar la existencia de problemas fundamentalmente económicos: un número reducido de trabajadores tendría que soportar el peso de la población mayor de 65 años y de los jóvenes que son los que más gastos tienen tanto a nivel sanitario como educativo, con lo que se podría poner en peligro el “Estado de bienestar” (asistencia sanitaria, educación, jubilaciones...). En segundo lugar los problemas también tendrían un carácter político y social: tendencia al conservadurismo, necesidad de incorporación de trabajadores procedentes de otros países ante la falta de población joven y la inexistencia de recambio generacional.


5.3.
En los datos de esta tabla se observa la tendencia descendente de la población ocupada en el sector primario y la estrecha vinculación de este sector con el secundario, los movimientos de estas cifras son siempre inversos.


 La caída más importante del primario se produce en 1930 que coincide con un incremento del sector industrial; después de la Guerra Civil, en 1940, se recupera algo la agricultura y otras actividades primarias al mismo tiempo que la industria sufre un abandono; por último, en 1950 el sector primario vuelve a descender y no se recupera, esta tendencia mantenida coincide con la suave subida del sector secundario hasta la crisis de 1970, año a partir del cual también entra en decadencia este sector.
El terciario, por el contrario, mantiene siempre una tendencia ascendente en la que destacan los incrementos de los años 1970 y 1983.
La interpretación de esta serie estadística refleja la estructura de la población activa española a principios de siglo en la que más de un 70% estaba ocupada en el sector primario (fundamentalmente en la agricultura), y la evolución hacia la terciarización que se manifiesta de forma clara a finales de este siglo con más de un 60% de la población trabajando en el llamado sector servicios. El proceso que se inicia en los primeros años del siglo XX y se incrementa a parir de los años 50 se explica por el éxodo masivo del campo a la ciudad, la población se concentró cada vez más en algunos núcleos industriales y el campo se vio condenado por la aceleración de la industrialización a desempeñar un papel secundario en el desarrollo económico. En los años 50 el Estado llevó a cabo una serie de medidas destinadas a fomentar la industrialización, lo que explica la subida de este sector hasta la crisis de los 70. A partir de estos años los núcleos industriales no pueden absorber toda la mano de obra, fue entonces cuando por un lado se incrementan las emigraciones externas y por otro se desarrolla el terciario, especialmente en el sector turístico, aunque el fenómeno de terciarización de la economía también ha ocurrido en otros países desarrollados.

5.4.
Las provincias que han experimentado una regresión poblacional situada entre el -4,6% y el -2,6% entre 1991 y 1998 serían: LUGO y ORENSE, en Galicia; LEÓN, ZAMORA, PALENCIA, ÁVILA y SORIA en Castilla y León; TERUEL, en Aragón, y CUENCA, en Castilla La Mancha.
Las provincias citadas entrarían dentro del grupo de las que han protagonizado los grandes éxodos rurales habidos en España desde la década de los 50. Se trata de provincias tradicionalmente agrarias, con métodos de explotación y sistemas de propiedad atrasados (zonas minifundistas, con agricultura de subsistencia en muchos casos), que ofrecían escasas perspectivas de futuro para su población más joven. Esto propició el abandono de estas áreas por dicha población, y la permanencia en ellas de la población de mayor edad casi en exclusiva. Esto, a la larga, incide sobre los índices demográficos, ya que se trata de poblaciones envejecidas que no pueden propiciar un crecimiento vegetativo adecuado. Esto, unido a que la emigración a las grandes urbes (Madrid, Barcelona y Bilbao básicamente) no ha cesado en las décadas siguientes (sobre todo en la de los 60), explica la perdida de población de dichas provincias, y la aparición de los denominados “desiertos demográficos”.
La población española, en general, presenta una distribución provincial muy irregular. Frente a las grandes ciudades, como Madrid o Barcelona, con densidades de población superiores a los 300 habitantes por kilómetro cuadrado, encontramos provincias, como Teruel o Soria, que se encuentran en torno a los 10 habitantes por kilómetro cuadrado.

 5.5.
Nos encontramos ante la representación de las pirámides de población correspondientes a España, en un caso, y a Canarias, en el otro, ambas en el año 1986.
Una pirámide de población es un doble gráfico de barras que representa, en el eje vertical, los grupos de población, divididos de cinco en cinco años y separados por sexos, apareciendo en el eje horizontal el número de habitantes que corresponde a este grupo (como en este caso) o su porcentaje sobre la población total. A través de este tipo de gráficos podemos apreciar como ha evolucionado la población de la zona estudiada, como han afectado en ella ciertos acontecimientos, y cuales son sus perspectivas de futuro.
En el presente caso, las pirámides de 1986 nos presentan una situación demográfica claramente regresiva, tanto para Canarias como para España en general.
Comenzando por la pirámide perteneciente a España, por sexos, como suele ser habitual, nacen más varones que hembras, pero a partir de los 40 años el número de mujeres es mayor. La mayor mortalidad masculina viene dada por los tradicionales estilos de vida (trabajos más duros, más riesgo de accidentes) y por su mayor participación en la Guerra Civil Española (escalones entre los 60 y los 90 años); en los escalones regresivos de 35-45 años no se aprecia tanta diferencia entre sexos al tratarse de los “no nacidos” en la posguerra.
Por edades, el hecho más relevante es el descenso de nacimientos que se aprecia en la base desde finales de la década de los 70, descenso precedido de un estancamiento en los años inmediatamente anteriores, lo que nos lleva a una población en clara tendencia regresiva y en proceso de envejecimiento. Las causas serían variadas: por una parte, los efectos sociales de la crisis económica de 1975, que conlleva el descenso de número de hijos por pareja, el retraso en la edad de la maternidad y el freno a los aportes poblacionales derivados de la inmigración. Por otra parte, los cambios socioculturales derivados de la Transición (incorporación de la mujer al mundo laboral, implantación de métodos anticonceptivos), también influyen muy notablemente en esta rebaja. Parece apreciarse una cierta recuperación en el escalón inferior correspondiente a las niñas, pero es una situación ciertamente engañosa, ya que los datos posteriores a 1986 no han hecho sino confirmar la tendencia regresiva. Por lo que respecta a los escalones intermedios, observamos altos porcentajes de población agrupada entre los 10 y los 25 años: serían el fruto del “baby-boom” de los años 60. En los escalones superiores vemos, por una parte, una alta esperanza de vida (en torno a los 80 años), y, por otra, el claro predominio de las mujeres sobre los ahombres, tanto por causas naturales (siempre la esperanza de vida femenina es mayor), como por los ya comentados efectos de la Guerra Civil.
Siguiendo la tendencia marcada en esta gráfica, el país tenderá claramente a envejecer, pudiéndose llegar incluso a perder población. Los datos demográficos de la década de los 90 han confirmado esta tendencia.
La pirámide correspondiente a Canarias es similar a la española en cuanto a su tendencia regresiva, apreciándose también la reducción de la natalidad en los escalones correspondientes a los nacidos entre los años 1976 y 1986, reducción aún más marcada que en el caso español. Sin embargo, a diferencia de la pirámide española, ésta presenta, en los escalones superiores al tercero, un perfil considerablemente más regular, con menos entrantes y salientes (y menos marcados). Habría que buscar las causas en el menor impacto de la Guerra Civil sobre la población canaria, convertida en la primera.
 
La pirámide correspondiente a Canarias es similar a la española en cuanto a su tendencia regresiva, apreciándose también la reducción de la natalidad en los escalones correspondientes a los nacidos entre los años 1976 y 1986, reducción aún más marcada que en el caso español. Sin embargo, a diferencia de la pirámide española, ésta presenta, en los escalones superiores al tercero, un perfil considerablemente más regular, con menos entrantes y salientes (y menos marcados). Habría que buscar las causas en el menor impacto de la Guerra Civil sobre la población canaria, convertida en la primera zona controlada por las tropas sublevadas, y amparada en el aislamiento derivado de su carácter insular.
Se aprecia en el caso canario un aumento proporcional en la población nacida entre los años 1961 y 1976, en relación, al igual que en el caso general español, con la mejora económica de los años 60. Se deja notar también un aumento de natalidad en la parte superior, en el escalón correspondiente a los nacidos entre 1931 y 1936, derivado posiblemente de la mejoría de las condiciones de vida durante la II República
Por lo que respecta a la cúspide de la pirámide, se aprecia un perfil mucho más progresivo en la pirámide canaria que en la española. La población con más de 55 años, nacida con anterioridad a 1931, es proporcionalmente menor en Canarias que en España. Hay que considerar aquí de nuevo el aislamiento del archipiélago, que le ha llevado a tener, tradicionalmente, modos de vida y condiciones socioeconómicas más atrasadas que en la península. Por eso mismo, la esperanza de vida es menor.
Con los datos citados, se puede concluir que, en la actualidad, la población canaria mayoritaria sería la comprendida entre 25 y 40 años, con una clara tendencia futura al envejecimiento.

5.6. 
La pirámide de Canarias en el año 2000 es la de una población regresiva o decreciente, su forma de “urna” o “bulbo” con un fuerte entrante en la base y un gran abombamiento en los grupos de edad adulta, anuncia el progresivo envejecimiento de la población.
En la estructura de la población por sexos se aprecia un mayor número de población masculina en las barras inferiores debido al mayor número de nacimientos de varones, esta ligera mayoría se mantiene hasta los 10-14 años. A partir de esta edad desaparecen las diferencias para manifestarse de nuevo de forma inversa en las barras superiores a partir de los 60 años. Las razones son de carácter biológico en el primer caso -debilidad genética del varón en los primeros años de vida- y socioeconómicas en el segundo -tardía incorporación de la mujer al trabajo remunerado, y escasa importancia de determinados hábitos sociales que aumentan la probabilidad de accidentes laborales y enfermedades cardiovasculares.
En la estructura de la población por grupos de edad se aprecia un fuerte entallamiento en la base, a partir de 1971-75, correspondiente a la barra del grupo de 25-29 años, que se explica por el fuerte control de natalidad a partir de los años 70, característico de todos los países desarrollados (el factor fundamental de la natalidad es el nivel de desarrollo económico). El mayor porcentaje de población se encuentra entre los 20 y los 45 años, no es aún una población excesivamente envejecida; y en la cima se puede observar una elevada esperanza de vida.
Las causas explicativas son en primer lugar demográficas, ya que la tasa de fecundidad se ha reducido al elevarse mucho la edad media en la que la mujer contraía matrimonio (la tasa de fecundidad en España en 1991 era 1,2 hijos por mujer, la más baja del mundo). En segundo lugar, socioeconómicas pues existe una clara relación entre el nivel de desarrollo y la tasa de fecundidad puesto que la mejora del nivel de vida y la incorporación de la mujer al trabajo han reducido mucho la natalidad. Por último, los factores culturales e ideológicos también han contribuido a la disminución del número de nacimientos: la mejora del nivel de instrucción, la extensión de los métodos de anticoncepción y el cambio de mentalidad de la sociedad han llevado a la mujer a retrasar la edad de contraer pareja y a reducir el número de hijos.
Las consecuencias del mantenimiento de esta tendencia demográfica serían en primer lugar la existencia de problemas fundamentalmente económicos: un número reducido de trabajadores tendría que soportar el peso de la población mayor de 65 años y de los jóvenes que son los que más gastos tienen tanto a nivel sanitario como educativo, con lo que se podría poner en peligro el “Estado de bienestar” (asistencia sanitaria, educación, jubilaciones...). En segundo lugar, los problemas también tendrían un carácter político y social: tendencia al conservadurismo, necesidad de incorporación de trabajadores procedentes de otros países ante la falta de población joven y la inexistencia de recambio generacional.

5.7.
a) Factores condicionantes. En 1955 la estructura de la población refleja aún la ruralización de la economía, la población agraria y rural apenas experimentó variaciones en la primera mitad del siglo XX.
En 1990 la distribución de la población activa manifiesta la industrialización, los factores fundamentales son el Plan de Estabilización y los Planes de Desarrollo, y después de la crisis la reestructuración industrial, la creación de nuevas áreas industriales, etc.
En 1995 la terciarización se debe, por un lado a la permanencia de los factores que explican la desagrarización y, por otro a la difícil reconversión industrial que ha llevado a potenciar el sector terciario, fenómeno que se ha producido también en otros países desarrollados.
b) Cambios y causas. En el gráfico se observa la tendencia general hacia la terciarización de la población activa en España, proceso que se inicia a principios de este siglo y que se incrementa a partir de los años 50. En 1955 casi el 50% de la población activa está ocupada en el sector primario, y el 50% restante se distribuye de forma casi equitativa entre el secundario y el terciario. Esto refleja el retroceso –en relación a los años anteriores- de la mano de obra ocupada en el sector primario paralelo al incremento en el secundario y el terciario. Ambos movimientos son una manifestación de la transformación de la sociedad como consecuencia del desarrollo industrial; el descenso de la población en el sector primario se explica por el éxodo rural debido a la mecanización de la agricultura y a la demanda de mano de obra en la industria y en la construcción en las áreas urbanas.
En 1990 el sector que más población ocupa es el secundario, este aumento (desde un 22 o 23% a casi el 50% de la población activa) refleja el desarrollo industrial que se produce en España desde 1959 a 1975, son los años de los Planes de Desarrollo con la consecuencia manifiesta en el gráfico de la desagrarización de la economía. De forma casi paralela aumenta el sector servicios en el que se refleja no sólo la mejora de los transportes y comunicaciones sino también la importancia concedida al turismo en el Plan de Estabilización de 1959 y los Planes de Desarrollo. Este sector aumenta de forma espectacular entre 1985 y 1991, sobre todo en los servicios públicos, lo que se refleja en el gráfico ya en 1990.
En 1995 el número de empleados en el terciario supera el 60%, en la industria está en torno al 30%, y en el primario no llega al 10%. A partir de estos años podemos decir que la economía española esta basada fundamentalmente en los servicios, actividades que no producen bienes materiales de forma directa. La industria ha pasado a un segundo lugar provocado por la crisis económica y la reestructuración industrial (1975 – 1985) y por la exigencia por parte de la CEE de una nueva reconversión en 1991.
En cuanto al sector primario los datos de 1995 reflejan el declive de las actividades agropecuarias y pesqueras debido al continuo proceso de mecanización y tecnificación.

5.9.
El tipo de pirámide es regresiva o decreciente ya que presenta un fuerte entrante en la base y un abombamiento en los grupos de edad adulta. Este tipo es característico de los países desarrollados con un fuerte y constante control de natalidad que se manifiesta en las barras de la base, y una esperanza de vida elevada que se refleja en las barras superiores.
En la estructura de la población por edad se aprecia que el número de población menor de 25 años es similar al que supera los 65, por otro lado como el grupo de población mayor de 65 años es bastante numeroso el índice de dependencia (relación entre la población infantil y anciana con la población adulta) será también bastante elevado. El grupo de población adulta, en edad de trabajar, es el más numeroso lo que se manifiesta en la forma de urna o bulbo de la pirámide. El reducido número de jóvenes se explica por el fuerte control de natalidad que se inicia aproximadamente a partir de 1975 y que se manifiesta en el grupo de población de 30 a 35 años. El gran número de personas mayores de 65 años refleja la gran esperanza de vida especialmente en las mujeres debido a las mejoras sanitarias, de higiene, alimentación, subsidios de jubilación, etc.
 Las barras correspondientes a los grupos de población entre 35 y 50 años reflejan el "baby boom" de los años 60 cuando ya se había superado la crisis de la posguerra. Por último, la disminución de las barras correspondientes a los grupos de 55 a 75 años refleja las consecuencias demográficas de la guerra civil y de la generación hueca correspondiente a la posguerra.
En la distribución de la población por sexos se aprecia un mayor número de población masculina debido al mayor número de nacimientos de varones, esta mayoría se mantiene hasta los 25 años y a partir de esta edad desaparecen las diferencias para manifestarse de nuevo de forma inversa a partir de los 50. Las razones son de carácter biológico en el primer caso (debilidad genética del varón en los primeros años de vida) y socioeconómicas en el segundo (tardía incorporación de la mujer al trabajo y a determinados hábitos sociales). 
Entre las consecuencias más importantes de esta estructura de población se pueden destacar el incremento de población anciana dependiente cuyo mantenimiento económico recaerá sobre el grupo de población activa que tiende a disminuir. Como consecuencia de esto, el peso de los impuestos aumentará en el caso de que se mantenga el Estado de Bienestar (subsidios de jubilación o vejez, asistencia sanitaria, educación...) Otras consecuencias tienen un carácter más político o social como la tendencia al conservadurismo por el envejecimiento de la población o la necesidad de incorporación de trabajadores procedentes de otros países ante la falta de población joven. Por todo ello los gobiernos suelen poner en práctica políticas pronatalistas (subvenciones de vivienda, escolares, salariales, incremento de licencias laborales por maternidad, etc.) que incentiven la natalidad tal como se ha hecho ya en otros países europeos.

5.10
1.- La pirámide de España en 1970 es la de una población estacionaria, presenta un fuerte entrante en los grupos de edad adulta correspondiente al período de la Guerra Civil y un leve entrante en la base que refleja el inicio de un control de natalidad. Es la pirámide de un país desarrollado, con una elevada esperanza de vida, que ha sufrido una crisis manifestada especialmente en los grupos de edad de 30-34 y 25-29 años, y que se recupera en los años 50 (baby-boom) tal como se observa en las barras correspondientes a los 20-24 y 15-19 años.
En la estructura de la población por sexos se aprecia un mayor número de población masculina en las barras inferiores debido al mayor número de nacimientos de varones, esta ligera mayoría se mantiene hasta los 20-24 años. A partir de esta edad desaparecen las diferencias para manifestarse de nuevo de forma inversa en las barras superiores a partir de los 50 años, esta diferencia aumenta al aumentar la edad, siendo muy llamativas en el grupo de 70-74 años. Las razones son de carácter biológico en el primer caso (debilidad genética del varón en los primeros años de vida) y socioeconómicas en el segundo: la lenta y tardía incorporación de la mujer al trabajo remunerado disminuye la probabilidad de accidentes y enfermedades laborales, además de que la guerra tuvo peores y más graves consecuencias para el hombre.
En la estructura de la población por grupos de edad se aprecia, tal como se ha expuesto anteriormente, un fuerte entallamiento en el centro, a partir de 1935, correspondiente a la barra del grupo de 30-34 años y también, aunque en menor grado, al de 25-29. Este entrante se explica por la Guerra Civil (1936-1939) y el principio de la posguerra que, por su extrema dureza continúa afectando tanto en la disminución de nacimientos como en el aumento de la mortalidad. La recuperación se produce en la década de los 50 con el desarrollismo y los primeros planes de estabilización.
2.- En la base de la pirámide, en la barra de 0-5 años se manifiesta ya el inicio del que será un fuerte y continuado control de natalidad que comienza justo en los años 70, y que es característico de todos los países desarrollados (el factor fundamental de la natalidad es el nivel de desarrollo económico). En este momento, 1970, existe un gran porcentaje de la población joven, entre 1 y 25 años, y la población con más de 65 años no es especialmente numerosa todavía, por tanto, no se trata de una población envejecida ni con problemas de recambio generacional. Sin embargo, de continuar el control de natalidad (como ha ocurrido) y aumentar la esperanza de vida, la pirámide se convierte en la de una población regresiva.
3.- La evolución posterior a 1970 de mantenimiento y aumento del control de natalidad tiene, en primer lugar, causas demográficas, ya que la tasa de fecundidad se reducido al elevarse mucho la edad media en la que la mujer contraía matrimonio (la tasa de fecundidad en España en 1991 era 1,2 hijos por mujer, la más baja del mundo). En segundo lugar, socioeconómicas pues existe una clara relación entre el nivel de desarrollo y la tasa de fecundidad puesto que la mejora del nivel de vida y la incorporación de la mujer al trabajo han reducido mucho la natalidad. Por último, los factores culturales e ideológicos también han contribuido a la disminución del número de nacimientos: la mejora del nivel de instrucción, la extensión de los métodos de anticoncepción y el cambio de mentalidad de la sociedad han llevado a la mujer a retrasar la edad de contraer pareja y a reducir el número de hijos.
 Las consecuencias del mantenimiento de esta tendencia demográfica son, en primer lugar, la existencia de problemas fundamentalmente económicos: un número reducido de trabajadores tiene que soportar el peso de la población mayor de 65 años y de los jóvenes que son los que más gastos tienen tanto a nivel sanitario como educativo, con lo que se puede poner en peligro el “Estado de bienestar” (asistencia sanitaria, educación, jubilaciones...). En segundo lugar los problemas también tienen un carácter político y social: tendencia al conservadurismo, necesidad de incorporación de trabajadores procedentes de otros países ante la falta de población joven y la inexistencia de recambio generacional.


5.11.
El gráfico propuesto refleja la llegada de inmigrantes a España desde el año1980 hasta el 2002.La serie no es anual, al principio es prácticamente quinquenal, y después, a partir de 1997, es anual, por ello aunque la tendencia general es ascendente el gráfico no refleja con exactitud el gran incremento en las entradas que se produce en los últimos años.

Desde 1980 hasta 1995 el número de inmigrantes aumenta en torno a 150.000 en cada quinquenio. Esta tendencia aumenta mucho a partir de 1997 ya que el número de entradas supera las 100.000 pero en un año. En toda la serie destaca el gran incremento que se produce entre el 2000 y el 2001 en el que son 200.000 los nuevos inmigrantes.

Entre las causas hay que destacar en primer lugar la situación económica y política de España que la convierte desde 1978 en un país democrático y estable desde el punto de vista político, y al mismo tiempo, en su desarrollo económico especialmente desde su entrada en la Unión Europea. Los países de origen han ido cambiando, en los años 70 predominaban los iberoamericanos debido a la inestabilidad política provocada por los gobiernos dictatoriales y a los lazos culturales que nos unen con Iberoamérica, en los 80 aumentó la llegada de población procedente de Irán e Irak por la guerra que enfrentó a ambos países, después de la caída del muro de Berlín y de la desaparición de la URSS se produjo un incremento de la llegada de población de los países de la Europa del Este por la desestructuración económica de estas regiones. La guerra de Bosnia también supuso el aumento de los inmigrantes de la antigua Yugoslavia. Actualmente tienen bastante  importancia los inmigrantes procedentes de África, sobre todo los procedentes de los países del Magreb como Marruecos y Argelia, países ambos con un gran crecimiento de la población y por tanto con un número elevado de jóvenes en edad de trabajar, y con unas tasas de paro muy elevadas por el retraso económico y la desestructuración producida por la globalización, además de los problemas políticos inherentes al desarrollo del fundamentalismo islámico especialmente problemático en Argelia.

Las comunidades en las que hay mayor cantidad de residentes extranjeros son las que ofrecen mayor cantidad de oportunidades para trabajar como Madrid y Cataluña, seguidas de Andalucía, la Comunidad Valenciana y las Islas Canarias. Las actividades económicas que realizan se concentran en el sector primario (especialmente en la agricultura) y en el terciario (la construcción y el servicio doméstico).

             Entre las consecuencias hay que diferenciar las que se producen en los países de origen que son la pérdida de una parte importante del sector de la población que está mejor preparado y en edad de reproducirse, la despoblación de algunas áreas, y el retraso en los posibles cambios económicos o políticos al salir la población que podría presionar para que éstos se produjesen. Pero también se producen otras consecuencias positivas como la llegada de divisas que ayuda a la reactivación de las economías tanto familiares como del país en general. En cuanto al país de destino, en este caso España, hay que señalar en primer lugar las consecuencias positivas como la llegada de mano de obra barata que ocupa los puestos de trabajo peor considerados por los españoles, en este sentido aumenta el nivel de cotizaciones en el régimen general de la Seguridad Social con lo que la tasa de dependencia disminuye. En segundo lugar, la población que llega es población joven que aumenta la tasa de natalidad en Comunidades donde el índice de fecundidad está en valores muy bajos (en algunos casos el más bajo de Europa). Por último, es necesario también señalar que, dada la dificultad de integración, en algunos casos se produce el aumento de situaciones de racismo y xenofobia, sobre todo cuando los inmigrantes no tienen oportunidad de trabajar legalmente y se ven abocados a marginarse en guetos. Para evitar situaciones de este tipo sería necesaria una política económica, social y cultural que favoreciese la integración cuando fuera posible, y en caso contrario la existencia del multiculturalismo. Por ello, como la llegada de inmigrantes es cada vez más numerosa los distintos gobiernos están intentando aplicar diferentes medidas políticas de control, integración y asimilación.


5.12
Se nos presentan dos pirámides de población españolas, correspondientes a los años 1960 y 1996. La pirámide de población es un doble gráfico de barras que representa, en el eje vertical, los grupos de población, divididos en escalones de 5 en 5 años, y separados por sexos; en el eje horizontal aparece el porcentaje de cada grupo sobre el total de la población española.

En una primera aproximación, podemos comprobar que los cambios demográficos en España han sido notables, ya que mientras la pirámide de 1960 es progresiva, la de 1996 es regresiva.

Pirámide de 1960.
Nos encontramos ante una pirámide progresiva (cada escalón es más ancho que su inmediatamente anterior), aunque la tendencia se rompe en el escalón correspondiente a los nacidos en los años de la posguerra (1940-1950), ya que la situación económica provoca una notable caída de la natalidad. Se registra un segundo entrante que indica descenso de población en los nacidos entre 1905 y 1920, es decir, el grupo de edad que participó más activamente en la Guerra Civil (en el primer caso, se trataría de “no nacidos”; en el segundo, de muertos). En estos casos, es notoria la mayor pérdida en hombres (contendientes directos) que en mujeres. La esperanza de vida se situaría en torno a los 70 años, mayor en el caso de las mujeres.
Por sexos, destacar que nacen más hombres que mujeres, pero que son éstas las que llegan en mayor número a edad anciana. Esta pirámide muestra una población con clara tendencia al crecimiento.

Pirámide de 1996.
Vemos ahora una pirámide claramente regresiva, ya que, desde finales de los años 70, cada grupo de edad es menos numeroso que el anterior. Las causas serían variadas: efectos sociales de la crisis económica de 1975, incorporación de la mujer al mundo laboral, normalización del uso de  métodos anticonceptivos... La estructura es la típica de los países más desarrollados. En los escalones intermedios, observamos altos porcentajes de población agrupados entre los 20 y los 35 años: serían el fruto del “Baby-Boom” de los años 60. En los escalones superiores vemos, por una parte, el aumento de la esperanza de vida (en torno a los 80 años), y por otra, el claro predominio de las mujeres sobre los hombres, al ser en las edades ancianas donde se aprecian ahora las secuelas de la Guerra Civil.
Siguiendo la tendencia marcada en este gráfico, el país tenderá claramente a envejecer, pudiendo incluso llegar a perder población. De hecho, España es en la actualidad uno de los países del mundo con una más baja tasa de natalidad y una más alta esperanza de vida.



5.13.
El mapa muestra la distribución de la población activa por Comunidades y por sectores económicos, reflejando así los desequilibrios económicos entre las distintas regiones. Las dificultades en el proceso de industrialización han motivado, tal como se refleja en el mapa, una serie de diferencias que se han ido agravando con el paso de los años. Otro aspecto que se manifiesta en el mapa es el descenso de la población activa en el sector primario, y también (aunque en menor medida) en el secundario produciéndose una tendencia clara hacia la terciarización de la economía. El descenso de la población del sector primario está en relación directa con el éxodo rural y con el aumento de la población ocupada tanto en la industria como en los servicios y, sobre todo, en la construcción en las áreas urbanas. A partir de los 70 también empieza a descender el número de trabajadores ocupados en la industria con lo que es el sector terciario el dominante en todas las regiones.

Las Comunidades que tienen más población activa en el sector primario son Galicia, Extremadura, Andalucía, Castilla y León y Castilla-La Mancha. Estas Comunidades son las que tienen un nivel industrial más bajo y en las que tradicionalmente han sido muy importantes las actividades agrarias. Las Comunidades en las que este sector ocupa a menor número de población son Madrid, Baleares, País Vasco y Cataluña, las dos primeras por la gran importancia que ha adquirido el sector servicios (terciario direccional y turismo) y las dos últimas por el peso relativo de la industria.

El sector secundario predomina en La Rioja, Navarra, Cataluña y País Vasco. Las dos últimas Comunidades son las que primero se industrializaron y pese a sufrir el proceso de la reconversión han mantenido un nivel alto de empleo en este sector, las dos primeras se han visto favorecidas por la política que impulsaba la localización industrial en ejes como el del Ebro o el Mediterráneo que aún están en expansión. Entre las Comunidades que menor número de población activa tienen en el sector secundario destacan Baleares y Canarias debido a la importancia del turismo.

Por último, el sector terciario es el predominante en todas las Comunidades, destaca especialmente en Baleares, Canarias y Andalucía por la importancia del turismo y en Madrid por el peso del denominado terciario direccional. Esto demuestra, tal como se ha comentado, el proceso de terciarización típico de todos los países desarrollados. Las principales causas que han llevado a esta situación son la progresiva industrialización, el aumento del turismo, el incremento del nivel de vida de la población, el crecimiento del sector público, el aumento de la tasa de actividad femenina, los cambios en el mercado de trabajo y el servicio a las empresas.


5.15
Lo que reflejan los mapas es el éxodo rural producido en España a partir de los años 40 como consecuencia de la deficiente situación del campo español. Los saldos migratorios más elevados se producen en los años 60 cuando la producción industrial estaba en pleno auge y las posibilidades de encontrar trabajo eran seguras en los grandes núcleos industriales como Barcelona y Madrid.

Los habitantes de las zonas agrarias, algunos de los cuales vivían en condiciones míseras, se dirigieron hacia las grandes ciudades, Madrid y Barcelona, fueron los destinos principales tal como se observa en el mapa de las corrientes principales, pero también destacan en estos años como zonas de destino Bilbao y Valencia, y, en tercer lugar, Zaragoza y Valladolid, como se puede observar en el mapa de las corrientes secundarias.

Otras zonas de destino fueron Sevilla, Alicante y algunas poblaciones de las islas Baleares y Canarias. La mayoría de estos emigrantes procedía de Andalucía occidental y oriental, Extremadura, Galicia y Castilla La Mancha. Los andaluces se dirigieron fundamentalmente a Barcelona; los extremeños y parte de los procedentes del norte de Andalucía a Madrid; gallegos y castellano-leoneses a Barcelona; y castellano- manchegos y parte de los andaluces de la zona oriental a Valencia.

El resultado final de estas migraciones internas fue una distribución por habitantes muy desigual, por lo que a pesar del crecimiento total de la población española algunas provincias, especialmente del interior, han perdido habitantes.

Posteriormente, la crisis de los años 70 detuvo el flujo de emigrantes de las provincias más rurales hacia las zonas más industrializadas, produciéndose incluso el fenómeno inverso.



5.16
En el gráfico se representa la evolución de la natalidad y la mortalidad en España desde 1858 hasta 1993. La diferencia entre ambas variables es el crecimiento natural, en el gráfico se puede apreciar claramente los picos en los que se produce un crecimiento natural negativo, es decir, cuando la mortalidad supera la natalidad. El gráfico se ve interrumpido en el espacio comprendido entre 1871 y 1877 ya que no existen datos fiables para esos años.
Durante la segunda mitad del siglo XIX los valores de la natalidad y mortalidad son elevados, en torno al 30 o 40 por mil. Es éste un período en el que aumenta la población aunque no de forma excesiva ya que, como se puede observar en el gráfico, la diferencia entre la natalidad y la mortalidad no es muy grande. Además, en las dos tasas se observan oscilaciones que reflejan las crisis cíclicas debido a la falta de medidas sanitarias e higiénicas, el aumento de la mortalidad se agudiza en los períodos de sequía o de malas cosechas ya que España es en estos años un país fundamentalmente agrario. A todo esto hay que añadir la emigración al norte de África y a ultramar, además del aumento de muertes por guerras, factores todos ellos que reducen también la natalidad. Pese a todo ello el siglo XIX termina con una mortalidad relativamente baja (27 por mil en 1898).
A partir de 1900 se inicia en España el régimen demográfico moderno caracterizado por una aceleración en el crecimiento de la población. En los primeros años del siglo el aumento de la población se debe a la reducción de la mortalidad especialmente la infantil, por la mejora de las condiciones de higiene, pese a que también se produce un descenso de las tasas de natalidad por el progresivo descenso de la fecundidad y al incremento en la edad de contraer matrimonio. El descenso de la natalidad y especialmente el aumento de la mortalidad a partir de 1910 está manifestando las consecuencias de la guerra en el Norte de África, esta tendencia descendente llega a un punto en el que el crecimiento es negativo por el gran aumento en el número de muertes que se produce como consecuencia de la epidemia de gripe de 1918. Una vez superada la epidemia los índices de natalidad y mortalidad se recuperan volviendo a los valores anteriores pero, además de esta recuperación demográfica típica de los años posteriores a una crisis, a partir de 1920 la población asciende por el final de la guerra (1926), las mejoras económicas durante la dictadura de Primo de Rivera y la reducción de la mortalidad por las mejoras sanitarias. Esta tendencia se interrumpe nuevamente durante la Guerra Civil (aumento de la mortalidad y reducción de la nupcialidad y natalidad), a partir de 1940 se inicia el ascenso pero los valores anteriores ya no se alcanzan debido a las duras condiciones de la posguerra (aumento del número de exiliados, “generación hueca”, difíciles condiciones económicas, bloqueo internacional...), sólo existe una ligera aproximación a partir de 1955. Entre este año y 1965 la natalidad asciende, es el típico fenómeno denominado “baby boom” que en España se produce bastante después de la Guerra por las condiciones citadas, la mortalidad desciende por la generalización de la Seguridad Social y la mejora de la situación económica en los años del desarrollismo.
A partir de 1970 la tendencia en la natalidad y la mortalidad es descendente, el factor más importante es el progresivo descenso de la natalidad relacionado con la crisis económica pero también con el nivel de desarrollo alcanzado que, al mismo tiempo que seculariza la sociedad, legaliza y populariza los anticonceptivos. Desde los años 80 los valores de las dos tasas se estabilizan en torno al 10 por mil, existiendo una pequeñísima diferencia entre ellas, por ello el crecimiento natural aunque positivo es muy reducido y existe el riesgo de alcanzar en algún momento valores negativos. Este descenso de la natalidad, unido al aumento de la esperanza de vida, provoca el envejecimiento de la población, fenómeno que ya se está acusando hoy.


5.17
1. Más del 11 0/00 tienen Madrid, las provincias que integran la comunidad de Andalucía (Huelva, Sevilla, Cádiz, Córdoba, Málaga, Jaén, Granada y Almería), Cataluña (Barcelona, Gerona, Lleida y Tarragona), Islas Baleares y Murcia. Entre un 10 y un 11 por mil tienen: Castellón de la Plana, Valencia, Alicante, Navarra, Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas.
Las que tienen menor natalidad (menos de un 8 0/00) son las provincias que forman las comunidades de Galicia (La Coruña, Lugo, Orense y Pontevedra), Asturias, y Castilla y León (León, Palencia, Burgos, Soria, Segovia, Ávila, Salamanca, Zamora y Valladolid).
2. La baja natalidad de Galicia, Asturias y Castilla y León se explica porque son comunidades que tienen poca población y envejecida. Los factores que han determinado esta situación han sido diversos: importancia del sector primario pero con una agricultura extensiva y poco mecanizada, una industria no desarrollada suficientemente y que ha sufrido la crisis de los 70 de forma dura (astilleros en Galicia, minería en Asturias, etc), y, como consecuencia de esto, un índice de población urbana bajo que impide el crecimiento del sector servicios para atraer la población a los grandes núcleos. Estos factores hicieron que una parte importante de la población de estas provincias emigrara a las ciudades industriales (éxodo rural) especialmente a partir de mediados del siglo XX, y cuando se produce el movimiento de retorno a partir de la crisis de los 70 sólo se benefician algunas capitales provinciales que recuperan sólo parte de la población que se marchó. Por último, todas estas provincias son las que menos emigrantes reciben ya que éstos (generalmente jóvenes en edad de procrear) vienen en busca de trabajo en el sector servicios o en la industria.
Las provincias que tienen una tasa de natalidad más alta son, además de las islas, las del litoral mediterráneo y Madrid. El factor fundamental que explica esta ligera subida es la llegada de emigrantes procedentes de Latinoamérica o del norte de África y que, al menos en la primera generación, mantienen los hábitos de su país y, por tanto, tienen un índice de fecundidad más alto que el español.
5.20

- Saldo migratorio. Es la diferencia entre el número de emigrantes y el de inmigrantes en un lugar determinado. En España actualmente es mayor el número de inmigrantes que el de emigrantes.

 Saldo migratorio=Inmigrantes - Emigrantes


- Jaén, Albacete, Ciudad Real, Cáceres, Badajoz, Segovia, Ávila, Teruel, Cuenca, Soria, Burgos, Palencia, León, Zamora, Orense, Vizcaya y Guipúzcoa

 - Desde la crisis de 1975 se inició un nuevo sistema migratorio de características muy distintas a las tradicionales, sobre todo en el destino. Las provincias con saldo positivo las encontramos en la periferia, concretamente en el litoral mediterráneo y valle del Ebro, siendo Madrid la excepcionalidad de provincia de interior por su capitalidad. Si es verdad, que  las migraciones entre comunidades se ha ralentizado, aunque no se han alterado sustancialmente sus direcciones, que continúan teniendo como destino prioritario, el arco mediterráneo y el valle del Ebro, siendo las zonas donde existe un mayor dinamismo económico y la posibilidad de encontrar trabajo

- Tipos de corrientes migratorias que se entrecruzan en el espacio:
1. - las migraciones residenciales responde exclusivamente a motivaciones residenciales. Son principalmente intraurbanas, entre la ciudad central y sus diversas coronas periféricas. Afectan, sobre todo, a parejas recientes y jóvenes, que buscan viviendas más baratas o mejor calidad medioambiental.
2.- las migraciones laborales responden a motivaciones de trabajo y están protagonizadas por adultos jóvenes. En unos casos, se trata de trabajadores poco cualificados que se dirigen desde las áreas rurales menos desarrolladas o desde las ciudades industrializadas en declive, a los centros de mayor dinamismo económico de la propia provincia; en otros casos, se trata de trabajadores cualificados del sector servicios que proceden de núcleos urbanos y se trasladan a los grandes centros de actividad terciaria.
3.- las migraciones de retorno rural suponen el regreso de población a municipios rurales. En su mayor parte están protagonizadas por antiguos emigrantes que a partir de la década de 1980 alcanzan la jubilación o la jubilación anticipada y deciden volver a su lugar de origen. Además existe una corriente neorrural minoritaria que afecta a personas que abandonan la vida urbana y se trasladan a zonas rurales, donde no sólo cambian de residencia, sino también de modo de vida y de trabajo.
4.- los movimientos habituales de la población son desplazamientos periódicos por motivos de trabajo y ocio. El trabajo ocasiona movimientos pendulares entre el lugar de residencia y el de trabajo. El ocio provoca movimientos de fin de semana y turismo relacionado con la mejora general del nivel de vida.

 - Las consecuencias de las migraciones interiores actuales son:

-          Las migraciones laborables acrecientan los desequilibrios demográficos y económicos entre las regiones y en el interior de las CCAA  y provincias

-          Las migraciones residenciales causan el sobreenvejecimiento de las áreas urbanas centrales emisoras, e incrementan la población de las periferias receptoras, que exigen dotaciones de servicios y equipamientos

-          Las migraciones de retorno de emigrantes provocan el sobreenvejecimiento en las zonas receptoras de jubilados y la creación de negocios o de actividades nuevas por los más jóvenes, que pueden retener a parte de los emigrantes potenciales. Además la instalación de jóvenes hacia estos núcleos rurales casi deshabitados puede incidir en el mantenimiento de escuelas y servicios tradicionales

-          Los movimientos pendulares relacionados con el trabajo crean problemas de circulación y aumento de ingresos a locales de ocio


5.33
1. En 1960-1970 tienen crecimiento positivo: Madrid, Pontevedra, La Coruña, Asturias,
Cantabria, La Rioja, Álava, Guipúzcoa, Vizcaya, Navarra, Zaragoza, Barcelona,
Tarragona, Gerona, Lleida, Castellón de la Plana, Valencia, Alicante, Murcia, Almería,
Sevilla, Cádiz, Málaga, Palma de Mallorca, Tenerife y Las Palmas.
En 1991-1999 tienen crecimiento positivo: Pontevedra, La Coruña, Álava, Navarra, La
Rioja, Zaragoza, Lleida, Gerona, Barcelona, Tarragona, Castellón de la Plana,
Valencia, Alicante, Murcia, Almería, Málaga, Cádiz, Huelva, Jaén, Córdoba, Sevilla,
Badajoz, Toledo, Ciudad Real, Albacete, Madrid, Guadalajara, Palma de Mallorca,
Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria.

2. En 1960-1970 el crecimiento de la población provincial refleja los movimientos de población desde las zonas rurales a las ciudades industriales, por este motivo son las provincias del País Vasco, además de Barcelona y Madrid las que atraen más población. También destacan Zaragoza, Tarragona y las provincias de la comunidad valenciana en las que se están formando importantes ejes de expansión industrial desde los tres focos citados anteriormente. Este mapa representa el éxodo rural que tiene lugar en España hasta la crisis industrial de finales de los 70.
En el mapa de 1991-1999 destacan los efectos de la crisis y la reconversión industrial que tienen como consecuencia un aumento del sector terciario y el desarrollo de los ejes de expansión industrial en el Mediterráneo, el Valle del Ebro, el corredor del Henares y la expansión desde el País Vasco a las áreas limítrofes. El movimiento migratorio que refleja este mapa es el denominado “de retorno” que se produce a partir de la crisis industrial de los focos primarios. Debido a esto en el año 2.000 tienen saldo positivo no solo las provincias incluidas en los ejes de expansión industrial, sino también la mayor parte de las provincias costeras en el Mediterráneo y las insulares por el crecimiento del sector turístico, y algunas provincias del interior por el aumento del terciario.

3. Las diferencias más notables en los saldos migratorios son las de Vizcaya, Guipúzcoa y Barcelona que pasan de tener saldos positivos a perder población, esto es producto de la crisis y la reconversión industrial que da lugar a importantes movimientos de retorno de la población inmigrante a sus lugares de origen. Los sectores industriales de estas provincias son de los más afectados por la crisis debido a la especialización, la gran dimensión y el envejecimiento de las plantas, esto los hace poco competitivos en el mercado europeo por lo que la crisis se traduce en una gran pérdida de puestos de trabajo.
En el extremo opuesto destacan provincias que antes perdían población y que en el
2000 tienen saldo positivo. Los factores son, como se ha comentado en la pregunta anterior, por un lado el desarrollo del terciario, especialmente el turismo en las provincias costeras, y también la expansión industrial desde los focos primarios de
Madrid, Bilbao y Barcelona. Los ejes son tres: la fachada mediterránea (Cataluña, la
Comunidad Valenciana, la Región de Murcia y las Islas Baleares), el valle del Ebro (en el que se aprovechan las buenas comunicaciones con el País Vasco, Cataluña y
Madrid que han favorecido la expansión industrial de los complejos industriales de
Vitoria-Miranda de Ebro y los del noroeste de Navarra), y Andalucía en la que destacan sobre todo los polos industriales de Huelva y Campo de Gibraltar (química), Sevilla (metalurgia y alimentación), Cádiz (astilleros), y Málaga (metalurgia, alimentación y textil).

 


5.34
1. Más de 100000 extranjeros residentes tienen Cataluña, la Comunidad de Madrid y Andalucía.
2. El principal factor que explica el gran número de inmigrantes en España es su buena situación económica que convierte a este país en un atractivo para la población procedente de los países más pobres como los del norte de África o América Latina.
La situación de España, además, la convierte en la puerta para entrar en Europa para los norteafricanos, y para los hispanoamericanos la afinidad cultural y lingüística es también un importante factor de atracción. Por otro lado, el clima suave y cálido explica el fuerte incremento de residentes extranjeros procedentes del norte de Europa, especialmente los jubilados.
En cuanto a la residencia en España, los trabajadores cualificados, titulados universitarios y técnicos, procedentes de países europeos y americanos, suelen afincarse en Madrid y Barcelona; mientras que los trabajadores sin cualificar, que trabajan en tareas agrícolas, en el servicio doméstico, en la construcción, trabajos eventuales, etc, que suelen ser marroquíes, suramericanos y asiáticos, están más repartidos en las provincias costeras, las que tienen una demanda importante de mano de obra agraria, y también en Madrid y Barcelona.
3. Entre las consecuencias se pueden citar tanto positivas como negativas. Entre las primeras hay que destacar el importante aumento de la mano de obra: la mayoría de los inmigrantes ocupan puestos de trabajo que son rechazados por los españoles, la recogida de la fresa de Huelva, de la pera en Lleida, la alta producción de los invernaderos de Almería, el funcionamiento de los hoteles de la Costa Dorada o la del Sol, muchas obras de la construcción, el servicio doméstico o el cuidado de ancianos, no serían posibles sin los trabajadores extranjeros. Al mismo tiempo, esto representa un aumento en las cotizaciones sociales, y también un aumento en la natalidad y por tanto el incremento del crecimiento de la población ya que los inmigrantes de primera generación mantienen las pautas de sus países de origen con una fecundidad alta.
Entre las consecuencias negativas hay que destacar que, debido a las dificultades de integración, muchos inmigrantes que llegan con la esperanza de encontrar trabajo y mejorar sus condiciones de vida, no lo pueden conseguir y se ven marginados en guetos, en lugares donde las tasas de desempleo son altas y las condiciones de supervivencia son muy duras, por ello surgen conflictos de convivencia que pueden llevar a la xenofobia, la violencia, etc.
  
5.35
1. La fecundidad hace referencia a los nacidos vivos con relación a la mujer y no al conjunto de la población. La tasa global de fecundidad relaciona los nacidos en un lugar determinado con el número de mujeres entre 15 y 49 años, es decir, el número de hijos por mujer en edad de procrear. La natalidad es el número de nacidos en una población, generalmente se expresa en tasas, es decir, los nacimientos al año por cada mil habitantes.
2. El mayor índice de fecundidad lo tienen las Islas Baleares, Andalucía y la Región de Murcia (más de 1,4 hijos por mujer), a continuación destacan Castilla-La Mancha, la Comunidad Valenciana, Cataluña, Extremadura, la Comunidad de Madrid, la Comunidad Foral de Navarra y La Rioja. Éstas son las que reciben mayor número de inmigrantes y las que tienen una población menos envejecida.
Las comunidades con menor fecundidad son Galicia y Asturias. En estas comunidades la población con más de 65 años supera el 17%, además son las que reciben menor número de inmigrantes debido al escaso desarrollo del sector secundario, el tradicionalismo de la agricultura y la poca importancia del sector terciario.
3. El índice de fecundidad en España comienza a descender en los años 70, a partir de la década de los 80 el número de hijos por mujer es inferior a 2,1, es decir, está por debajo del nivel de reemplazo generacional. En los años siguientes el índice continúa descendiendo progresivamente hasta que en el año 1998 tiene un ligero ascenso.
Las causas del descenso son, en primer lugar, la incorporación de la mujer al trabajo y su acceso a mayores niveles de educación. Al mismo tiempo aparecen otras características típicas de un país desarrollado que también hacen que disminuya la natalidad y la fecundidad: problemas de desempleo, mayores exigencias de las familias en la educación de los hijos, el deseo de libertad de los padres, el aumento del precio de las viviendas y el consecuente retraso en la edad para contraer matrimonio.
Los factores que explican ese pequeño aumento en el índice de fecundidad son sobre todo la llegada de inmigrantes y, muy en segundo lugar, la incidencia de políticas natalistas.

5.36

1. Lugo, Orense, Asturias, Santander, León, Palencia, Zamora, Salamanca, Burgos, Soria, Segovia, Ávila, Cáceres, Toledo, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Teruel, Zaragoza, Huesca, Lleida y Castellón de la Plana.
2. Las principales causas del envejecimiento de la población son el aumento de la esperanza de vida y el fuerte descenso de la fecundidad típicas de un país desarrollado.
Las consecuencias son las graves repercusiones en el sistema de la Seguridad Social y en el alto índice de dependencia de las personas inactivas respecto a las activas.

5.37
1. Más del 10% de la población tienen la Comunidad de Madrid, Cataluña, Comunidad Valenciana y Andalucía.
Menos del 2,5% tienen: Cantabria, La Rioja, la Comunidad Foral de Navarra y las Islas Baleares.
2. Las diferencias en los volúmenes de población de las comunidades se explican por diferentes factores. En primer lugar hay que tener en cuenta la diferente extensión de cada una de ellas y el número de provincias que las componen, este es el caso de Andalucía. Además, el comportamiento de los factores demográficos también ha sido desigual a lo largo del siglo XX. Todo esto explica que Andalucía, la Comunidad de Madrid, Cataluña y la Comunidad Valenciana, cuya superficie representa algo menos del 14% del territorio nacional, aporten algo más del 57% de la población total de España.
En los últimos años el peso demográfico de la Comunidad de Madrid, Cataluña y la Comunidad Valenciana se ha incrementado, mientras que el de Andalucía ha disminuido. La razón ha sido la fuerte emigración, aunque la persistencia de una tasa de natalidad elevada (y su gran extensión) la mantiene aún entre las comunidades con más población.
El menor volumen demográfico lo tienen las comunidades con menor extensión (generalmente uniprovinciales), y también las del interior que han sufrido un fuerte proceso de emigración desde las zonas rurales hacia las ciudades más industrializadas o con un potente sector terciario.

5.38

1. Más del 3,9% de extranjeros residentes tienen las provincias insulares: Islas Baleares y Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife en Canarias.

Entre un 2% y un 3,9% tienen las siguientes provincias: Lleida, Gerona, Barcelona, Tarragona, Castellón de la Plana, Valencia, Alicante, Murcia, Madrid, La Rioja y Navarra.


2. El principal factor que explica el gran número de inmigrantes en España es su buena situación económica que convierte a este país en un atractivo para la población procedente de los países más pobres como los del norte de África o América Latina.

La situación de España, además, la convierte en la puerta para entrar en Europa para los norteafricanos, y para los hispanoamericanos la afinidad cultural y lingüística es también un importante factor de atracción. Por otro lado, el clima suave y cálido explica el fuerte incremento de residentes extranjeros procedentes del norte de Europa, especialmente los jubilados.

En cuanto a la residencia en España, los trabajadores cualificados, titulados universitarios y técnicos, procedentes de países europeos y americanos, suelen afincarse en Madrid y Barcelona; mientras que los trabajadores sin cualificar, que trabajan en tareas agrícolas, en el servicio doméstico, en la construcción, trabajos eventuales, etc., que suelen ser marroquíes, suramericanos y asiáticos, están más repartidos en las provincias costeras, las que tienen una demanda importante de mano de obra agraria, y también en Madrid y Barcelona.


3. Entre las consecuencias se pueden citar tanto positivas como negativas. Entre las primeras hay que destacar el importante aumento de la mano de obra: la mayoría de los inmigrantes ocupan puestos de trabajo que son rechazados por los españoles, la recogida de la fresa de Huelva, de la pera en Lleida, la alta producción de los invernaderos de Almería, el funcionamiento de los hoteles de la Costa Dorada o la del Sol, muchas obras de la construcción, el servicio doméstico o el cuidado de ancianos, no serían posibles sin los trabajadores extranjeros. Al mismo tiempo, esto representa un aumento en las cotizaciones sociales, y también un aumento en la natalidad y por tanto el incremento del crecimiento de la población ya que los inmigrantes de primera generación, mantienen las pautas de sus países de origen con una fecundidad alta.

Entre las consecuencias negativas hay que destacar que, debido a las dificultades de integración, muchos inmigrantes que llegan con la esperanza de encontrar trabajo y mejorar sus condiciones de vida, no lo pueden conseguir y se ven marginados en guetos, en lugares donde las tasas de desempleo son altas y las condiciones de supervivencia son muy duras, por ello surgen conflictos de convivencia que pueden llevar a la xenofobia, la violencia, etc.

5.39

1. Más de 150 hab/km2 tienen Madrid, Barcelona, Vizcaya, Guipúzcoa, Valencia, Alicante, Málaga, Pontevedra, Islas Baleares, Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria. Entre 100 y 150 hab/km2 tienen La Coruña, Asturias, Cantabria, Murcia, Cádiz y Sevilla.

 2. Menos de 25 habitantes por kilómetro cuadrado tienen Cáceres, Ciudad Real, Cuenca, Albacete, Guadalajara, Teruel, Zamora, Soria, Palencia, Ávila, Segovia y Huesca.

 3. El mapa de densidades muestra los contrastes entre las provincias del interior escasamente pobladas y las de la periferia con mayor densidad. La mayor parte de los habitantes vive en las provincias costeras o en las insulares, además de en Madrid.

Las provincias del interior correspondientes a las comunidades autónomas de Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, y la mayor parte de Aragón tienen unas densidades muy bajas. Uno de los factores que explica esta desigual distribución de la población son los movimientos migratorios producidos fundamentalmente desde mediados del siglo XX en los que la población abandona las zonas rurales para dirigirse a las ciudades industriales. A partir de la crisis de los años 70 se produce un movimiento de retorno que no logra aumentar la densidad de población de amplias zonas ya envejecidas, sin embargo sí se benefician de este movimiento las zonas costeras en las que el sector turístico funciona como un importante generador de empleo. En las provincias costeras, sobre todo, en el Mediterráneo, se está desarrollando una rica agricultura intensiva y se expande la industria desde el foco catalán y conectada con Madrid y el País Vasco. La Coruña y Pontevedra en Galicia, igual que Málaga, Cádiz y Sevilla en Andalucía, son ejemplos de cómo los ejes de desarrollo industrial atraen la población.

Las provincias con menor densidad de población son aquellas en las que el sector secundario no se ha desarrollado y predomina el primario (agricultura y ganadería fundamentalmente), además, el terciario es débil aún y solo proporciona empleos en los grandes municipios o en las capitales provinciales.