En la distribución de la población por sexos se aprecia un mayor número de nacimientos masculinos, esta mayoría se mantiene hasta los 25 años y a partir de esta edad desaparecen las diferencias para manifestarse de nuevo de forma inversa a partir de los 50. Las razones son de carácter biológico en el primer caso -debilidad genética del varón en los primeros años de vida y socioeconómico en el segundo -tardía incorporación de la mujer al trabajo y determinados hábitos sociales.
La estructura
de la
población por
edad está bastante
equilibrada, el mayor porcentaje se encuentra entre
los 20 y los 65 años, no es aún una población excesivamente envejecida. Sin
embargo, en la base de la pirámide se aprecia un gran descenso en el número de
nacimientos a partir de 1975-80, que se explica por el control de natalidad
característico de los países desarrollados (el factor fundamental de la
natalidad es el nivel de desarrollo económico); y en la cima se puede observar
una elevada esperanza de vida.
Estos
dos datos indican que la pirámide corresponde a un país desarrollado que, de seguir con esta
tendencia, podría tener problemas fundamentalmente económicos (un número
reducido de trabajadores tiene que soportar el peso de la población mayor de 65
años y de los jóvenes que son los que más gastos tienen tanto a nivel sanitario
como educativo...), pero también políticos (tendencia al conservadurismo,
necesidad de incorporación de trabajadores procedentes de otros países ante la
falta de población joven...), sociales, etc. por el envejecimiento de la
población y la inexistencia de recambio generacional.
En el centro de la pirámide se observa un
entrante que afecta a las barras de 45 a 55 años, es decir el descenso se
corresponde con la década 1936-46 y se explica por la Guerra Civil y la lenta
recuperación demográfica por los duros años de posguerra.
Teniendo en cuenta estos datos se supone que el gobierno
iniciará una política marcadamente natalista como ya se hizo en otros países
europeos, para adelantarse a los acontecimientos y evitar las consecuencias
negativas que se prevén analizando esta pirámide.
5.2.
La
pirámide de España en 1998 es la de una población regresiva o decreciente, su
forma de “urna” o “bulbo” con un fuerte entrante en la base y un gran
abombamiento en los grupos de edad adulta, anuncia el progresivo envejecimiento
de la población.
En
la estructura
de la población por sexos se aprecia un mayor número de población masculina
en las barras inferiores debido al mayor número de nacimientos de varones, esta
mayoría se mantiene hasta los 20-24 años. A partir de esta edad desaparecen las
diferencias para manifestarse de nuevo de forma inversa en las barras
superiores a partir de los 50 años. Las razones son de carácter biológico en el
primer caso -debilidad genética del varón en los primeros años de vida- y
socioeconómicas en el segundo -tardía incorporación de la mujer al trabajo
remunerado y en la adquisición de determinados hábitos sociales que disminuyen
la probabilidad de accidentes laborales y enfermedades cardiovasculares-.
En la estructura de la población por grupos de edad se aprecia un fuerte entallamiento en la base, a partir de 1973, correspondiente a la barra del grupo de 20-24 años que se explica por el fuerte control de natalidad existente en España a partir de los años 70, característico de todos los países desarrollados (el factor fundamental de la natalidad es el nivel de desarrollo económico). El mayor porcentaje de población se encuentra entre los 20 y los 65 años, no es aún una población excesivamente envejecida; y en la cima se puede observar una elevada esperanza de vida.
Las
causas
explicativas
son en primer lugar demográficas, ya que la tasa de fecundidad se ha reducido
al elevarse mucho la edad media en la que la mujer contraía matrimonio (la tasa
de fecundidad en España en 1991 era 1,2 hijos por mujer, la más baja del
mundo). En segundo lugar, socioeconómicas pues existe una clara relación entre
el nivel de desarrollo y la tasa de fecundidad puesto que la mejora del nivel
de vida y la incorporación de la mujer al trabajo han reducido mucho la natalidad. Por
último, los factores culturales e ideológicos también han contribuido a la disminución
del número de nacimientos: la mejora del nivel de instrucción, la extensión de
los métodos de anticoncepción y el cambio de mentalidad de la sociedad han
llevado a la mujer a retrasar la edad de contraer pareja y a reducir el número
de hijos.
Las
consecuencias
del
mantenimiento de esta tendencia demográfica serían en primer lugar la
existencia de problemas fundamentalmente económicos: un número reducido de
trabajadores tendría que soportar el peso de la población mayor de 65 años y de
los jóvenes que son los que más gastos tienen tanto a nivel sanitario como
educativo, con lo que se podría poner en peligro el “Estado de bienestar”
(asistencia sanitaria, educación, jubilaciones...). En segundo lugar los
problemas también tendrían un carácter político y social: tendencia al
conservadurismo, necesidad de incorporación de trabajadores procedentes de
otros países ante la falta de población joven y la inexistencia de recambio generacional.
5.3.
En los datos de esta tabla se observa la tendencia descendente de la población ocupada en el sector primario y la estrecha vinculación de este sector con el secundario, los movimientos de estas cifras son siempre inversos.
La caída más importante del primario se
produce en 1930 que coincide con un incremento del sector industrial; después
de la Guerra Civil ,
en 1940, se recupera algo la agricultura y otras actividades primarias al mismo
tiempo que la industria sufre un abandono; por último, en 1950 el sector
primario vuelve a descender y no se recupera, esta tendencia mantenida coincide
con la suave subida del sector secundario hasta la crisis de 1970, año a partir
del cual también entra en decadencia este sector.
El
terciario, por el contrario, mantiene siempre una tendencia ascendente en la
que destacan los incrementos de los años 1970 y 1983.
La interpretación de esta serie estadística
refleja la estructura de la población activa española a principios de siglo en
la que más de un 70% estaba ocupada en el sector primario (fundamentalmente en
la agricultura), y la evolución hacia la terciarización que se manifiesta de
forma clara a finales de este siglo con más de un 60% de la población
trabajando en el llamado sector servicios. El proceso que se inicia en los
primeros años del siglo XX y se incrementa a parir de los años 50 se explica
por el éxodo masivo del campo a la ciudad, la población se concentró cada vez
más en algunos núcleos industriales y el campo se vio condenado por la
aceleración de la industrialización a desempeñar un papel secundario en el
desarrollo económico. En los años 50 el Estado llevó a cabo una serie de
medidas destinadas a fomentar la industrialización, lo que explica la subida de
este sector hasta la crisis de los 70. A partir de estos años los núcleos
industriales no pueden absorber toda la mano de obra, fue entonces cuando por
un lado se incrementan las emigraciones externas y por otro se desarrolla el
terciario, especialmente en el sector turístico, aunque el fenómeno de
terciarización de la economía también ha ocurrido en otros países
desarrollados.
5.4.
Las provincias que han experimentado una regresión
poblacional situada entre el -4,6% y el -2,6% entre 1991 y 1998 serían: LUGO y
ORENSE, en Galicia; LEÓN, ZAMORA, PALENCIA, ÁVILA y SORIA en Castilla y León;
TERUEL, en Aragón, y CUENCA, en Castilla La Mancha.
Las provincias citadas entrarían dentro del grupo de las
que han protagonizado los grandes éxodos rurales habidos en España desde la
década de los 50. Se trata de provincias tradicionalmente agrarias, con métodos
de explotación y sistemas de propiedad atrasados (zonas minifundistas, con
agricultura de subsistencia en muchos casos), que ofrecían escasas perspectivas
de futuro para su población más joven. Esto propició el abandono de estas áreas
por dicha población, y la permanencia en ellas de la población de mayor edad
casi en exclusiva. Esto, a la larga, incide sobre los índices demográficos, ya
que se trata de poblaciones envejecidas que no pueden propiciar un crecimiento
vegetativo adecuado. Esto, unido a que la emigración a las grandes urbes
(Madrid, Barcelona y Bilbao básicamente) no ha cesado en las décadas siguientes (sobre
todo en la de los 60), explica la perdida de población de dichas provincias, y
la aparición de los denominados “desiertos demográficos”.
La población española, en general, presenta una
distribución provincial muy irregular. Frente a las grandes ciudades, como
Madrid o Barcelona, con densidades de población superiores a los 300 habitantes
por kilómetro cuadrado, encontramos provincias, como Teruel o Soria, que se
encuentran en torno a los 10 habitantes por kilómetro cuadrado.
Una pirámide de población es un doble gráfico de barras
que representa, en el eje vertical, los grupos de población, divididos de cinco
en cinco años y separados por sexos, apareciendo en el eje horizontal el número
de habitantes que corresponde a este grupo (como en este caso) o su porcentaje
sobre la población total. A través de este tipo de gráficos podemos apreciar
como ha evolucionado la población de la zona estudiada, como han afectado en
ella ciertos acontecimientos, y cuales son sus perspectivas de futuro.
En el presente caso, las pirámides de 1986 nos presentan
una situación demográfica claramente regresiva, tanto para Canarias como para
España en general.
Comenzando por la pirámide perteneciente a España, por
sexos, como suele ser habitual, nacen más varones que hembras, pero a partir de
los 40 años el número de mujeres es mayor. La mayor mortalidad masculina viene
dada por los tradicionales estilos de vida (trabajos más duros, más riesgo de
accidentes) y por su mayor participación en la Guerra Civil Española
(escalones entre los 60 y los 90 años); en los escalones regresivos de 35-45
años no se aprecia tanta diferencia entre sexos al tratarse de los “no nacidos”
en la posguerra.
Por edades, el hecho más relevante es el descenso de
nacimientos que se aprecia en la base desde finales de la década de los 70,
descenso precedido de un estancamiento en los años inmediatamente anteriores,
lo que nos lleva a una población en clara tendencia regresiva y en proceso de
envejecimiento. Las causas serían variadas: por una parte, los efectos sociales
de la crisis económica de 1975, que conlleva el descenso de número de hijos por
pareja, el retraso en la edad de la maternidad y el freno a los aportes
poblacionales derivados de la inmigración. Por otra parte, los cambios
socioculturales derivados de la Transición (incorporación de la mujer al mundo
laboral, implantación de métodos anticonceptivos), también influyen muy
notablemente en esta rebaja. Parece apreciarse una cierta recuperación en el
escalón inferior correspondiente a las niñas, pero es una situación ciertamente
engañosa, ya que los datos posteriores a 1986 no han hecho sino confirmar la
tendencia regresiva. Por lo que respecta a los escalones intermedios,
observamos altos porcentajes de población agrupada entre los 10 y los 25 años:
serían el fruto del “baby-boom” de los años 60. En los escalones superiores
vemos, por una parte, una alta esperanza de vida (en torno a los 80 años), y,
por otra, el claro predominio de las mujeres sobre los ahombres, tanto por
causas naturales (siempre la esperanza de vida femenina es mayor), como por los
ya comentados efectos de la
Guerra Civil.
Siguiendo la tendencia marcada en esta gráfica, el país
tenderá claramente a envejecer, pudiéndose llegar incluso a perder población.
Los datos demográficos de la década de los 90 han confirmado esta tendencia.
La pirámide correspondiente a Canarias es similar a la española en
cuanto a su tendencia regresiva, apreciándose también la reducción de la
natalidad en los escalones correspondientes a los nacidos entre los años 1976 y
1986, reducción aún más marcada que en el caso español. Sin embargo, a
diferencia de la pirámide española, ésta presenta, en los escalones superiores
al tercero, un perfil considerablemente más regular, con menos entrantes y
salientes (y menos marcados). Habría que buscar las causas en el menor impacto
de la Guerra Civil
sobre la población canaria, convertida en la primera.
La pirámide correspondiente a Canarias es similar a la
española en cuanto a su tendencia regresiva, apreciándose también la reducción
de la natalidad en los escalones correspondientes a los nacidos entre los años
1976 y 1986, reducción aún más marcada que en el caso español. Sin embargo, a
diferencia de la pirámide española, ésta presenta, en los escalones superiores
al tercero, un perfil considerablemente más regular, con menos entrantes y
salientes (y menos marcados). Habría que buscar las causas en el menor impacto
de la Guerra Civil
sobre la población canaria, convertida en la primera zona controlada por las
tropas sublevadas, y amparada en el aislamiento derivado de su carácter
insular.
Se aprecia en el caso canario un aumento proporcional en
la población nacida entre los años 1961 y 1976, en relación, al igual que en el
caso general español, con la mejora económica de los años 60. Se deja notar
también un aumento de natalidad en la parte superior, en el escalón
correspondiente a los nacidos entre 1931 y 1936, derivado posiblemente de la
mejoría de las condiciones de vida durante la II República
Por
lo que respecta a la cúspide de la pirámide, se aprecia un perfil mucho más
progresivo en la pirámide canaria que en la española. La
población con más de 55 años, nacida con anterioridad a 1931, es proporcionalmente
menor en Canarias que en España. Hay que considerar aquí de nuevo el
aislamiento del archipiélago, que le ha llevado a tener, tradicionalmente,
modos de vida y condiciones socioeconómicas más atrasadas que en la península. Por eso
mismo, la esperanza de vida es menor.
Con los datos citados, se puede concluir que, en la
actualidad, la población canaria mayoritaria sería la comprendida entre 25 y 40
años, con una clara tendencia futura al envejecimiento.
La pirámide de Canarias en
el año 2000 es la de una población regresiva o decreciente, su forma de “urna”
o “bulbo” con un fuerte entrante en la base y un gran abombamiento en los
grupos de edad adulta, anuncia el progresivo envejecimiento de la población.
En la estructura de la
población por sexos se aprecia un mayor número de población masculina en
las barras inferiores debido al mayor número de nacimientos de varones, esta
ligera mayoría se mantiene hasta los 10-14 años. A partir de esta edad
desaparecen las diferencias para manifestarse de nuevo de forma inversa en las
barras superiores a partir de los 60 años. Las razones son de carácter
biológico en el primer caso -debilidad genética del varón en los primeros años
de vida- y socioeconómicas en el segundo -tardía incorporación de la mujer al
trabajo remunerado, y escasa importancia de determinados hábitos sociales que
aumentan la probabilidad de accidentes laborales y enfermedades cardiovasculares.
En la estructura de la
población por grupos de edad se aprecia un fuerte entallamiento en la base,
a partir de 1971-75, correspondiente a la barra del grupo de 25-29 años, que se
explica por el fuerte control de natalidad a partir de los años 70,
característico de todos los países desarrollados (el factor fundamental de la
natalidad es el nivel de desarrollo económico). El mayor porcentaje de
población se encuentra entre los 20 y los 45 años, no es aún una población
excesivamente envejecida; y en la cima se puede observar una elevada esperanza
de vida.
Las causas explicativas
son en primer lugar demográficas, ya que la tasa de fecundidad se ha reducido
al elevarse mucho la edad media en la que la mujer contraía matrimonio (la tasa
de fecundidad en España en 1991 era 1,2 hijos por mujer, la más baja del
mundo). En segundo lugar, socioeconómicas pues existe una clara relación entre
el nivel de desarrollo y la tasa de fecundidad puesto que la mejora del nivel
de vida y la incorporación de la mujer al trabajo han reducido mucho la natalidad. Por
último, los factores culturales e ideológicos también han contribuido a la
disminución del número de nacimientos: la mejora del nivel de instrucción, la
extensión de los métodos de anticoncepción y el cambio de mentalidad de la
sociedad han llevado a la mujer a retrasar la edad de contraer pareja y a reducir el
número de hijos.
Las consecuencias del
mantenimiento de esta tendencia demográfica serían en primer lugar la
existencia de problemas fundamentalmente económicos: un número reducido de
trabajadores tendría que soportar el peso de la población mayor de 65 años y de
los jóvenes que son los que más gastos tienen tanto a nivel sanitario como
educativo, con lo que se podría poner en peligro el “Estado de bienestar”
(asistencia sanitaria, educación, jubilaciones...). En segundo lugar, los
problemas también tendrían un carácter político y social: tendencia al
conservadurismo, necesidad de incorporación de trabajadores procedentes de
otros países ante la falta de población joven y la inexistencia de recambio
generacional.
5.7.
a) Factores condicionantes. En
1955 la estructura de la población refleja aún la ruralización de la economía,
la población agraria y rural apenas experimentó variaciones en la primera mitad
del siglo XX.
En
1990 la distribución de la población activa manifiesta la industrialización,
los factores fundamentales son el Plan de Estabilización y los Planes de
Desarrollo, y después de la crisis la reestructuración industrial, la creación
de nuevas áreas industriales, etc.
En
1995 la terciarización se debe, por un lado a la permanencia de los factores
que explican la desagrarización y, por otro a la difícil reconversión
industrial que ha llevado a potenciar el sector terciario, fenómeno que se ha
producido también en otros países desarrollados.
b) Cambios y causas. En el
gráfico se observa la tendencia general hacia la terciarización de la población
activa en España, proceso que se inicia a principios de este siglo y que se
incrementa a partir de los años 50. En 1955 casi el 50% de la población activa
está ocupada en el sector primario, y el 50% restante se distribuye de forma
casi equitativa entre el secundario y el terciario. Esto refleja el retroceso
–en relación a los años anteriores- de la mano de obra ocupada en el sector
primario paralelo al incremento en el secundario y el terciario. Ambos
movimientos son una manifestación de la transformación de la sociedad como
consecuencia del desarrollo industrial; el descenso de la población en el
sector primario se explica por el éxodo rural debido a la mecanización de la
agricultura y a la demanda de mano de obra en la industria y en la construcción
en las áreas urbanas.
En
1990 el sector que más población ocupa es el secundario, este aumento (desde un
22 o 23% a casi el 50% de la población activa) refleja el desarrollo industrial
que se produce en España desde 1959
a 1975, son los años de los Planes de Desarrollo con la
consecuencia manifiesta en el gráfico de la desagrarización de la economía. De forma
casi paralela aumenta el sector servicios en el que se refleja no sólo la
mejora de los transportes y comunicaciones sino también la importancia
concedida al turismo en el Plan de Estabilización de 1959 y los Planes de
Desarrollo. Este sector aumenta de forma espectacular entre 1985 y 1991,
sobre todo en los servicios públicos, lo que se refleja en el gráfico ya en
1990.
En
1995 el número de empleados en el terciario supera el 60%, en la industria está
en torno al 30%, y en el primario no llega al 10%. A partir de estos años
podemos decir que la economía española esta basada fundamentalmente en los
servicios, actividades que no producen bienes materiales de forma directa. La
industria ha pasado a un segundo lugar provocado por la crisis económica y la
reestructuración industrial (1975 – 1985) y por la exigencia por parte de la
CEE de una nueva reconversión en 1991.
En
cuanto al sector primario los datos de 1995 reflejan el declive de las actividades agropecuarias y
pesqueras debido al continuo proceso de mecanización y tecnificación.
5.9.
El tipo
de pirámide es regresiva o decreciente ya que presenta un fuerte entrante
en la base y un abombamiento en los grupos de edad adulta. Este tipo es
característico de los países desarrollados con un fuerte y constante control de
natalidad que se manifiesta en las barras de la base, y una esperanza de vida
elevada que se refleja en las barras superiores.
En la
estructura de la población por edad se aprecia que el número de
población menor de 25 años es similar al que supera los 65, por otro lado como
el grupo de población mayor de 65 años es bastante numeroso el índice de
dependencia (relación entre la población infantil y anciana con la población
adulta) será también bastante elevado. El grupo de población adulta, en edad de
trabajar, es el más numeroso lo que se manifiesta en la forma de urna o bulbo
de la pirámide. El
reducido número de jóvenes se explica por el fuerte control de natalidad que se
inicia aproximadamente a partir de 1975 y que se manifiesta en el grupo de
población de 30 a
35 años. El gran número de personas mayores de 65 años refleja la gran
esperanza de vida especialmente en las mujeres debido a las mejoras sanitarias,
de higiene, alimentación, subsidios de jubilación, etc.
Las barras
correspondientes a los grupos de población entre 35 y 50 años reflejan el
"baby boom" de los años 60 cuando ya se había superado la crisis de la posguerra. Por
último, la disminución de las barras correspondientes a los grupos de 55 a 75 años refleja las
consecuencias demográficas de la guerra civil y de la generación hueca correspondiente
a la posguerra.
En la
distribución de la población por sexos se aprecia un mayor número
de población masculina
debido al mayor número de nacimientos de varones, esta mayoría se mantiene
hasta los 25 años y a partir de esta edad desaparecen las diferencias para
manifestarse de nuevo de forma inversa a partir de los 50. Las razones son de
carácter biológico en el primer caso (debilidad genética del varón en los
primeros años de vida) y socioeconómicas en el segundo (tardía incorporación de
la mujer al trabajo y a determinados hábitos sociales).
Entre
las consecuencias más importantes de esta estructura de población se
pueden destacar el incremento de población anciana dependiente cuyo
mantenimiento económico recaerá sobre el grupo de población activa que tiende a
disminuir. Como consecuencia de esto, el peso de los impuestos aumentará en el
caso de que se mantenga el Estado de Bienestar (subsidios de jubilación o
vejez, asistencia sanitaria, educación...) Otras consecuencias tienen un
carácter más político o social como la tendencia al conservadurismo por el
envejecimiento de la población o la necesidad de incorporación de trabajadores
procedentes de otros países ante la falta de población joven. Por todo ello los
gobiernos suelen poner en práctica políticas pronatalistas (subvenciones de
vivienda, escolares, salariales, incremento de licencias laborales por
maternidad, etc.) que incentiven la natalidad tal como se ha hecho ya en otros
países europeos.
5.10
1.-
La pirámide de España en 1970 es la de una población estacionaria, presenta un
fuerte entrante en los grupos de edad adulta correspondiente al período de la Guerra Civil y un
leve entrante en la base que refleja el inicio de un control de natalidad. Es
la pirámide de un país desarrollado, con una elevada esperanza de vida, que ha
sufrido una crisis manifestada especialmente en los grupos de edad de 30-34 y
25-29 años, y que se recupera en los años 50 (baby-boom) tal como se observa en
las barras correspondientes a los 20-24 y 15-19 años.
En
la estructura
de la población por sexos se aprecia un mayor número de población masculina
en las barras inferiores debido al mayor número de nacimientos de varones, esta
ligera mayoría se mantiene hasta los 20-24 años. A partir de esta edad
desaparecen las diferencias para manifestarse de nuevo de forma inversa en las
barras superiores a partir de los 50 años, esta diferencia aumenta al aumentar
la edad, siendo muy llamativas en el grupo de 70-74 años. Las razones son de
carácter biológico en el primer caso (debilidad genética del varón en los
primeros años de vida) y socioeconómicas en el segundo: la lenta y tardía
incorporación de la mujer al trabajo remunerado disminuye la probabilidad de accidentes
y enfermedades laborales, además de que la guerra tuvo peores y más graves
consecuencias para el hombre.
En
la estructura
de la población por grupos de edad se aprecia, tal como se ha expuesto
anteriormente, un fuerte entallamiento en el centro, a partir de 1935,
correspondiente a la barra del grupo de 30-34 años y también, aunque en menor
grado, al de 25-29. Este entrante se explica por la Guerra Civil
(1936-1939) y el principio de la posguerra que, por su extrema dureza continúa
afectando tanto en la disminución de nacimientos como en el aumento de la mortalidad. La
recuperación se produce en la década de los 50 con el desarrollismo y los
primeros planes de estabilización.
2.-
En la base de la pirámide, en la barra de 0-5 años se manifiesta ya el inicio
del que será un fuerte y continuado control de natalidad que comienza justo en
los años 70, y que es característico de todos los países desarrollados (el
factor fundamental de la natalidad es el nivel de desarrollo económico). En
este momento, 1970, existe un gran porcentaje de la población joven, entre 1 y
25 años, y la población con más de 65 años no es especialmente numerosa
todavía, por tanto, no se trata de una población envejecida ni con problemas de
recambio generacional. Sin embargo, de continuar el control de natalidad (como
ha ocurrido) y aumentar la esperanza de vida, la pirámide se convierte en la de
una población regresiva.
3.-
La evolución
posterior a
1970 de mantenimiento y aumento del control de natalidad tiene, en primer
lugar, causas demográficas, ya que la tasa de fecundidad se reducido al
elevarse mucho la edad media en la que la mujer contraía matrimonio (la tasa de
fecundidad en España en 1991 era 1,2 hijos por mujer, la más baja del mundo).
En segundo lugar, socioeconómicas pues existe una clara relación entre el nivel
de desarrollo y la tasa de fecundidad puesto que la mejora del nivel de vida y
la incorporación de la mujer al trabajo han reducido mucho la natalidad. Por
último, los factores culturales e ideológicos también han contribuido a la
disminución del número de nacimientos: la mejora del nivel de instrucción,
la extensión de los métodos de anticoncepción y el cambio de mentalidad de la sociedad han
llevado a la mujer a retrasar la edad de contraer pareja y a reducir el número
de hijos.
5.11.
El
gráfico
propuesto
refleja la llegada de inmigrantes a España desde el año1980 hasta el 2002.La
serie no es anual, al principio es prácticamente quinquenal, y después, a
partir de 1997, es anual, por ello aunque la tendencia general es ascendente el
gráfico no refleja con exactitud el gran incremento en las entradas que se
produce en los últimos años.
Desde
1980 hasta 1995 el número de inmigrantes aumenta en torno a 150.000 en cada
quinquenio. Esta tendencia aumenta mucho a partir de 1997 ya que el número de
entradas supera las 100.000 pero en un año. En toda la serie destaca el gran
incremento que se produce entre el 2000 y el 2001 en el que son 200.000 los
nuevos inmigrantes.
Entre
las causas
hay
que destacar en primer lugar la situación económica y política de España que la
convierte desde 1978 en un país democrático y estable desde el punto de vista
político, y al mismo tiempo, en su desarrollo económico especialmente desde su
entrada en la Unión
Europea. Los países de origen han ido cambiando, en los años
70 predominaban los iberoamericanos debido a la inestabilidad política
provocada por los gobiernos dictatoriales y a los lazos culturales que nos unen
con Iberoamérica, en los 80 aumentó la llegada de población procedente de Irán
e Irak por la guerra que enfrentó a ambos países, después de la caída del muro
de Berlín y de la desaparición de la URSS se produjo un incremento de la
llegada de población de los países de la Europa del Este por la
desestructuración económica de estas regiones. La guerra de Bosnia también
supuso el aumento de los inmigrantes de la antigua Yugoslavia.
Actualmente tienen bastante importancia los inmigrantes procedentes de
África, sobre todo los procedentes de los países del Magreb como Marruecos y
Argelia, países ambos con un gran crecimiento de la población y por tanto con
un número elevado de jóvenes en edad de trabajar, y con unas tasas de paro muy
elevadas por el retraso económico y la desestructuración producida por la globalización,
además de los problemas políticos inherentes al desarrollo del fundamentalismo
islámico especialmente problemático en Argelia.
Las
comunidades en las que hay mayor cantidad de residentes extranjeros son las que
ofrecen mayor cantidad de oportunidades para trabajar como Madrid y Cataluña,
seguidas de Andalucía, la Comunidad Valenciana y las Islas Canarias. Las
actividades económicas que realizan se concentran en el sector primario
(especialmente en la agricultura) y en el terciario (la construcción y el
servicio doméstico).
Entre las consecuencias hay que diferenciar las que se producen en los países de origen que son la pérdida de una parte importante del sector de la población que está mejor preparado y en edad de reproducirse, la despoblación de algunas áreas, y el retraso en los posibles cambios económicos o políticos al salir la población que podría presionar para que éstos se produjesen. Pero también se producen otras consecuencias positivas como la llegada de divisas que ayuda a la reactivación de las economías tanto familiares como del país en general. En cuanto al país de destino, en este caso España, hay que señalar en primer lugar las consecuencias positivas como la llegada de mano de obra barata que ocupa los puestos de trabajo peor considerados por los españoles, en este sentido aumenta el nivel de cotizaciones en el régimen general de
5.12
Se nos presentan dos pirámides de población españolas,
correspondientes a los años 1960 y 1996. La pirámide de población es un doble
gráfico de barras que representa, en el eje vertical, los grupos de población,
divididos en escalones de 5 en 5 años, y separados por sexos; en el eje
horizontal aparece el porcentaje de cada grupo sobre el total de la población
española.
En una primera aproximación, podemos comprobar que los
cambios demográficos en España han sido notables, ya que mientras la pirámide
de 1960 es progresiva, la de 1996 es regresiva.
Pirámide
de 1960.
Nos
encontramos ante una pirámide progresiva (cada escalón es más ancho que su inmediatamente
anterior), aunque la tendencia se rompe en el escalón correspondiente a los
nacidos en los años de la posguerra (1940-1950), ya que la situación económica
provoca una notable caída de Por sexos, destacar que nacen más hombres que mujeres, pero que son éstas las que llegan en mayor número a edad anciana. Esta pirámide muestra una población con clara tendencia al crecimiento.
Pirámide de 1996.
Vemos
ahora una pirámide claramente regresiva, ya que, desde finales de los años 70,
cada grupo de edad es menos numeroso que el anterior. Las causas serían
variadas: efectos sociales de la crisis económica de 1975, incorporación de la
mujer al mundo laboral, normalización del uso de métodos anticonceptivos... La estructura es
la típica de los países más desarrollados. En los escalones intermedios,
observamos altos porcentajes de población agrupados entre los 20 y los 35 años:
serían el fruto del “Baby-Boom” de los años 60. En los escalones superiores
vemos, por una parte, el aumento de la esperanza de vida (en torno a los 80
años), y por otra, el claro predominio de las mujeres sobre los hombres, al ser
en las edades ancianas donde se aprecian ahora las secuelas de Siguiendo la tendencia marcada en este gráfico, el país tenderá claramente a envejecer, pudiendo incluso llegar a perder población. De hecho, España es en la actualidad uno de los países del mundo con una más baja tasa de natalidad y una más alta esperanza de vida.
5.13.
El mapa muestra la distribución de la población activa por
Comunidades y por sectores económicos, reflejando así los desequilibrios
económicos entre las distintas regiones. Las dificultades en el proceso de
industrialización han motivado, tal como se refleja en el mapa, una serie de
diferencias que se han ido agravando con el paso de los años. Otro aspecto que
se manifiesta en el mapa es el descenso de la población activa en el sector
primario, y también (aunque en menor medida) en el secundario produciéndose una
tendencia clara hacia la terciarización de la economía. El descenso
de la población del sector primario está en relación directa con el éxodo rural
y con el aumento de la población ocupada tanto en la industria como en los
servicios y, sobre todo, en la construcción en las áreas urbanas. A partir de
los 70 también empieza a descender el número de trabajadores ocupados en la
industria con lo que es el sector terciario el dominante en todas las regiones.
Las
Comunidades que tienen más población activa en el sector primario son
Galicia, Extremadura, Andalucía, Castilla y León y Castilla-La Mancha. Estas
Comunidades son las que tienen un nivel industrial más bajo y en las que
tradicionalmente han sido muy importantes las actividades agrarias. Las Comunidades
en las que este sector ocupa a menor número de población son Madrid, Baleares,
País Vasco y Cataluña, las dos primeras por la gran importancia que ha
adquirido el sector servicios (terciario direccional y turismo) y las dos
últimas por el peso relativo de la
industria.
El sector secundario predomina en La Rioja,
Navarra, Cataluña y País Vasco. Las dos últimas Comunidades son las que primero
se industrializaron y pese a sufrir el proceso de la reconversión han mantenido
un nivel alto de empleo en este sector, las dos primeras se han visto
favorecidas por la política que impulsaba la localización industrial en ejes
como el del Ebro o el Mediterráneo que aún están en expansión. Entre las
Comunidades que menor número de población activa tienen en el sector secundario
destacan Baleares y Canarias debido a la importancia del turismo.
Por último, el sector terciario es el predominante
en todas las Comunidades, destaca especialmente en Baleares, Canarias y
Andalucía por la importancia del turismo y en Madrid por el peso del denominado
terciario direccional. Esto demuestra, tal como se ha comentado, el proceso de
terciarización típico de todos los países desarrollados. Las principales causas
que han llevado a esta situación son la progresiva industrialización, el
aumento del turismo, el incremento del nivel de vida de la población, el
crecimiento del sector público, el aumento de la tasa de actividad femenina,
los cambios en el mercado de trabajo y el servicio a las empresas.
Lo que reflejan los mapas es el éxodo rural producido en España a partir de los años 40 como consecuencia de la deficiente situación del campo español. Los saldos migratorios más elevados se producen en los años 60 cuando la producción industrial estaba en pleno auge y las posibilidades de encontrar trabajo eran seguras en los grandes núcleos industriales como Barcelona y Madrid.
Los
habitantes de las zonas agrarias, algunos de los cuales vivían en condiciones
míseras, se dirigieron hacia las grandes ciudades, Madrid y Barcelona, fueron
los destinos principales tal como se observa en el mapa de las corrientes
principales, pero también destacan en estos años como zonas de destino Bilbao y
Valencia, y, en tercer lugar, Zaragoza y Valladolid, como se puede observar en
el mapa de las corrientes secundarias.
Otras
zonas de destino fueron Sevilla, Alicante y algunas poblaciones de las islas Baleares y Canarias. La
mayoría de estos emigrantes procedía de Andalucía occidental y oriental, Extremadura, Galicia y Castilla
La Mancha. Los
andaluces se dirigieron fundamentalmente a Barcelona; los extremeños y parte de
los procedentes del norte de Andalucía a Madrid; gallegos y
castellano-leoneses a Barcelona; y castellano- manchegos y parte de los
andaluces de la zona oriental a Valencia.
El
resultado final de estas migraciones internas fue una distribución por
habitantes muy desigual, por lo que a pesar del crecimiento total de la
población española algunas provincias, especialmente del interior, han perdido
habitantes.
Posteriormente, la crisis de
los años 70 detuvo el flujo de emigrantes de las provincias más rurales hacia las zonas más
industrializadas, produciéndose incluso el fenómeno inverso.
5.16
En el gráfico se representa la evolución de la natalidad y la mortalidad en España desde 1858 hasta 1993. La diferencia entre ambas variables es el crecimiento natural, en el gráfico se puede apreciar claramente los picos en los que se produce un crecimiento natural negativo, es decir, cuando la mortalidad superala
natalidad. El gráfico se ve interrumpido en el espacio
comprendido entre 1871 y 1877 ya que no existen datos fiables para esos años.
Durante la segunda mitad del siglo XIX los valores de la natalidad y mortalidad son elevados, en torno al 30 o 40 por mil. Es éste un período en el que aumenta la población aunque no de forma excesiva ya que, como se puede observar en el gráfico, la diferencia entre la natalidad y la mortalidad no es muy grande. Además, en las dos tasas se observan oscilaciones que reflejan las crisis cíclicas debido a la falta de medidas sanitarias e higiénicas, el aumento de la mortalidad se agudiza en los períodos de sequía o de malas cosechas ya que España es en estos años un país fundamentalmente agrario. A todo esto hay que añadir la emigración al norte de África y a ultramar, además del aumento de muertes por guerras, factores todos ellos que reducen tambiénla
natalidad. Pese a todo ello el siglo XIX termina con una
mortalidad relativamente baja (27 por mil en 1898).
A partir de 1900 se inicia en España el régimen demográfico moderno caracterizado por una aceleración en el crecimiento dela población. En los
primeros años del siglo el aumento de la población se debe a la reducción de la
mortalidad especialmente la infantil, por la mejora de las condiciones de
higiene, pese a que también se produce un descenso de las tasas de natalidad
por el progresivo descenso de la fecundidad y al incremento en la edad de
contraer matrimonio. El descenso de la natalidad y especialmente el aumento de
la mortalidad a partir de 1910 está manifestando las consecuencias de la guerra
en el Norte de África, esta tendencia descendente llega a un punto en el que el
crecimiento es negativo por el gran aumento en el número de muertes que se
produce como consecuencia de la epidemia de gripe de 1918. Una vez superada la
epidemia los índices de natalidad y mortalidad se recuperan volviendo a los
valores anteriores pero, además de esta recuperación demográfica típica de los
años posteriores a una crisis, a partir de 1920 la población asciende por el
final de la guerra (1926), las mejoras económicas durante la dictadura de Primo
de Rivera y la reducción de la mortalidad por las mejoras sanitarias. Esta
tendencia se interrumpe nuevamente durante la Guerra Civil (aumento
de la mortalidad y reducción de la nupcialidad y natalidad), a partir de 1940
se inicia el ascenso pero los valores anteriores ya no se alcanzan debido a las
duras condiciones de la posguerra (aumento del número de exiliados, “generación
hueca”, difíciles condiciones económicas, bloqueo internacional...), sólo
existe una ligera aproximación a partir de 1955. Entre este año y 1965 la
natalidad asciende, es el típico fenómeno denominado “baby boom” que en España
se produce bastante después de la Guerra por las condiciones citadas, la
mortalidad desciende por la generalización de la Seguridad Social
y la mejora de la situación económica en los años del desarrollismo.
A partir de 1970 la tendencia en la natalidad y la mortalidad es descendente, el factor más importante es el progresivo descenso de la natalidad relacionado con la crisis económica pero también con el nivel de desarrollo alcanzado que, al mismo tiempo que seculariza la sociedad, legaliza y populariza los anticonceptivos. Desde los años 80 los valores de las dos tasas se estabilizan en torno al 10 por mil, existiendo una pequeñísima diferencia entre ellas, por ello el crecimiento natural aunque positivo es muy reducido y existe el riesgo de alcanzar en algún momento valores negativos. Este descenso de la natalidad, unido al aumento de la esperanza de vida, provoca el envejecimiento de la población, fenómeno que ya se está acusando hoy.
5.35
5.38
3.
Entre
las consecuencias se pueden citar tanto positivas como negativas. Entre las primeras hay que destacar el importante aumento de la mano
de obra: la mayoría de los inmigrantes ocupan puestos de trabajo que son
rechazados por los españoles, la recogida de la fresa de Huelva, de la pera en
Lleida, la alta producción de los invernaderos de Almería, el funcionamiento de
los hoteles de la Costa
Dorada o la del Sol, muchas obras de la construcción, el servicio doméstico
o el cuidado de ancianos, no serían posibles sin los trabajadores extranjeros.
Al mismo tiempo, esto representa un aumento en las cotizaciones sociales, y
también un aumento en la natalidad y por tanto el incremento del crecimiento de
la población ya que los inmigrantes de primera generación, mantienen las pautas
de sus países de origen con una fecundidad alta.
5.39
2. Menos de 25 habitantes por kilómetro cuadrado tienen
Cáceres, Ciudad Real, Cuenca, Albacete, Guadalajara, Teruel, Zamora, Soria, Palencia,
Ávila, Segovia y Huesca.
3. El mapa de densidades muestra los contrastes entre las
provincias del interior escasamente pobladas y las de la periferia con mayor
densidad. La mayor parte de los habitantes vive en las provincias costeras o en
las insulares, además de en Madrid.
5.16
En el gráfico se representa la evolución de la natalidad y la mortalidad en España desde 1858 hasta 1993. La diferencia entre ambas variables es el crecimiento natural, en el gráfico se puede apreciar claramente los picos en los que se produce un crecimiento natural negativo, es decir, cuando la mortalidad supera
Durante la segunda mitad del siglo XIX los valores de la natalidad y mortalidad son elevados, en torno al 30 o 40 por mil. Es éste un período en el que aumenta la población aunque no de forma excesiva ya que, como se puede observar en el gráfico, la diferencia entre la natalidad y la mortalidad no es muy grande. Además, en las dos tasas se observan oscilaciones que reflejan las crisis cíclicas debido a la falta de medidas sanitarias e higiénicas, el aumento de la mortalidad se agudiza en los períodos de sequía o de malas cosechas ya que España es en estos años un país fundamentalmente agrario. A todo esto hay que añadir la emigración al norte de África y a ultramar, además del aumento de muertes por guerras, factores todos ellos que reducen también
A partir de 1900 se inicia en España el régimen demográfico moderno caracterizado por una aceleración en el crecimiento de
A partir de 1970 la tendencia en la natalidad y la mortalidad es descendente, el factor más importante es el progresivo descenso de la natalidad relacionado con la crisis económica pero también con el nivel de desarrollo alcanzado que, al mismo tiempo que seculariza la sociedad, legaliza y populariza los anticonceptivos. Desde los años 80 los valores de las dos tasas se estabilizan en torno al 10 por mil, existiendo una pequeñísima diferencia entre ellas, por ello el crecimiento natural aunque positivo es muy reducido y existe el riesgo de alcanzar en algún momento valores negativos. Este descenso de la natalidad, unido al aumento de la esperanza de vida, provoca el envejecimiento de la población, fenómeno que ya se está acusando hoy.
5.17
1. Más del 11 0/00 tienen Madrid, las
provincias que integran la comunidad de Andalucía (Huelva, Sevilla, Cádiz, Córdoba, Málaga,
Jaén, Granada y Almería), Cataluña (Barcelona, Gerona, Lleida y Tarragona),
Islas Baleares y Murcia. Entre un 10 y un 11 por mil tienen: Castellón de la Plana,
Valencia, Alicante, Navarra, Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas.
Las que tienen menor natalidad (menos de un 8
0/00) son las provincias que forman las comunidades de Galicia (La Coruña, Lugo,
Orense y Pontevedra), Asturias, y Castilla y León (León, Palencia, Burgos,
Soria, Segovia, Ávila, Salamanca, Zamora y Valladolid).
2. La baja natalidad de Galicia, Asturias y
Castilla y León se explica porque son comunidades que tienen poca población y
envejecida. Los factores que han determinado esta situación han sido diversos:
importancia del sector primario pero con una agricultura extensiva y poco
mecanizada, una industria no desarrollada suficientemente y que ha sufrido la
crisis de los 70 de forma dura (astilleros en Galicia, minería en Asturias,
etc), y, como consecuencia de esto, un índice de población urbana bajo que
impide el crecimiento del sector servicios para atraer la población a los
grandes núcleos. Estos factores hicieron que una parte importante de la
población de estas provincias emigrara a las ciudades industriales (éxodo
rural) especialmente a partir de mediados del siglo XX, y cuando se produce el
movimiento de retorno a partir de la crisis de los 70 sólo se benefician
algunas capitales provinciales que recuperan sólo parte de la población que se
marchó. Por último, todas estas provincias son las que menos emigrantes reciben
ya que éstos (generalmente jóvenes en edad de procrear) vienen en busca de
trabajo en el sector servicios o en la industria.
Las provincias que tienen una tasa de
natalidad más alta son, además de las islas, las del litoral mediterráneo y
Madrid. El factor fundamental que explica esta ligera subida es la llegada de
emigrantes procedentes de Latinoamérica o del norte de África y que, al menos
en la primera generación, mantienen los hábitos de su país y, por tanto, tienen
un índice de fecundidad más alto que el español.
5.20
Saldo migratorio=Inmigrantes - Emigrantes
- Desde la crisis de 1975 se inició un nuevo sistema
migratorio de características muy distintas a las tradicionales, sobre todo en
el destino. Las provincias con saldo positivo las encontramos en la periferia,
concretamente en el litoral mediterráneo y valle del Ebro, siendo Madrid la
excepcionalidad de provincia de interior por su capitalidad. Si es verdad, que las migraciones entre comunidades se ha
ralentizado, aunque no se han alterado sustancialmente sus direcciones, que
continúan teniendo como destino prioritario, el arco mediterráneo y el valle
del Ebro, siendo las zonas donde existe un mayor dinamismo económico y la
posibilidad de encontrar trabajo
- Las consecuencias de las migraciones interiores
actuales son:
5.33
- Saldo migratorio. Es la diferencia entre el número de emigrantes
y el de inmigrantes en un lugar determinado. En España actualmente es mayor el
número de inmigrantes que el de emigrantes.
- Jaén,
Albacete, Ciudad Real, Cáceres, Badajoz, Segovia, Ávila, Teruel, Cuenca, Soria,
Burgos, Palencia, León, Zamora, Orense, Vizcaya y Guipúzcoa
- Tipos de corrientes
migratorias que se entrecruzan en el espacio:
1. - las migraciones residenciales responde
exclusivamente a motivaciones residenciales. Son principalmente intraurbanas,
entre la ciudad central y sus diversas coronas periféricas. Afectan, sobre
todo, a parejas recientes y jóvenes, que buscan viviendas más baratas o mejor
calidad medioambiental.
2.- las migraciones laborales
responden a motivaciones de trabajo y están protagonizadas por adultos jóvenes.
En unos casos, se trata de trabajadores poco cualificados que se dirigen desde
las áreas rurales menos desarrolladas o desde las ciudades industrializadas en
declive, a los centros de mayor dinamismo económico de la propia provincia; en
otros casos, se trata de trabajadores cualificados del sector servicios que
proceden de núcleos urbanos y se trasladan a los grandes centros de actividad
terciaria.
3.- las
migraciones de retorno rural suponen el regreso de población a
municipios rurales. En su mayor parte están protagonizadas por antiguos
emigrantes que a partir de la década de 1980 alcanzan la jubilación o la
jubilación anticipada y deciden volver a su lugar de origen. Además existe una
corriente neorrural minoritaria que afecta a personas que abandonan la vida
urbana y se trasladan a zonas rurales, donde no sólo cambian de residencia,
sino también de modo de vida y de trabajo.
4.- los
movimientos habituales de la población son desplazamientos periódicos
por motivos de trabajo y ocio. El trabajo ocasiona movimientos pendulares entre
el lugar de residencia y el de trabajo. El ocio provoca movimientos de fin de
semana y turismo relacionado con la mejora general del nivel de vida.
-
Las
migraciones laborables acrecientan los desequilibrios demográficos y económicos
entre las regiones y en el interior de las CCAA
y provincias
-
Las
migraciones residenciales causan el sobreenvejecimiento de las áreas urbanas
centrales emisoras, e incrementan la población de las periferias receptoras,
que exigen dotaciones de servicios y equipamientos
-
Las
migraciones de retorno de emigrantes provocan el sobreenvejecimiento en las
zonas receptoras de jubilados y la creación de negocios o de actividades nuevas
por los más jóvenes, que pueden retener a parte de los emigrantes potenciales.
Además la instalación de jóvenes hacia estos núcleos rurales casi deshabitados
puede incidir en el mantenimiento de escuelas y servicios tradicionales
-
Los
movimientos pendulares relacionados con el trabajo crean problemas de
circulación y aumento de ingresos a locales de ocio
5.33
1.
En 1960-1970 tienen crecimiento positivo: Madrid,
Pontevedra, La Coruña, Asturias,
Cantabria, La Rioja, Álava, Guipúzcoa, Vizcaya, Navarra,
Zaragoza, Barcelona,
Tarragona, Gerona, Lleida, Castellón de la Plana, Valencia,
Alicante, Murcia, Almería,
Sevilla, Cádiz, Málaga, Palma de Mallorca, Tenerife y Las
Palmas.
En 1991-1999 tienen crecimiento positivo: Pontevedra, La
Coruña, Álava, Navarra, La
Rioja, Zaragoza, Lleida, Gerona, Barcelona, Tarragona, Castellón
de la Plana,
Valencia, Alicante, Murcia, Almería, Málaga, Cádiz, Huelva,
Jaén, Córdoba, Sevilla,
Badajoz, Toledo, Ciudad Real, Albacete, Madrid,
Guadalajara, Palma de Mallorca,
Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria.
2.
En
1960-1970 el crecimiento de la población provincial refleja los movimientos de población
desde las zonas rurales a las ciudades industriales, por este motivo son las provincias
del País Vasco, además de Barcelona y Madrid las que atraen más población.
También destacan Zaragoza, Tarragona y las provincias de la comunidad valenciana
en las que se están formando importantes ejes de expansión industrial desde los
tres focos citados anteriormente. Este mapa representa el éxodo rural que tiene
lugar en España hasta la crisis industrial de finales de los 70.
En el
mapa de 1991-1999 destacan los efectos de la crisis y la reconversión
industrial que tienen como consecuencia un aumento del sector terciario y el
desarrollo de los ejes de expansión industrial en el Mediterráneo, el Valle del
Ebro, el corredor del Henares y la expansión desde el País Vasco a las áreas
limítrofes. El movimiento migratorio que refleja este mapa es el denominado “de
retorno” que se produce a partir de la crisis industrial de los focos
primarios. Debido a esto en el año 2.000 tienen saldo positivo no solo las
provincias incluidas en los ejes de expansión industrial, sino también la mayor
parte de las provincias costeras en el Mediterráneo y las insulares por el
crecimiento del sector turístico, y algunas provincias del interior por el
aumento del terciario.
3.
Las
diferencias más notables en los saldos migratorios
son las de Vizcaya, Guipúzcoa y Barcelona que pasan de tener saldos positivos a
perder población, esto es producto de la crisis y la reconversión industrial
que da lugar a importantes movimientos de retorno de la población inmigrante a
sus lugares de origen. Los sectores industriales de estas provincias son de los
más afectados por la crisis debido a la especialización, la gran dimensión y el
envejecimiento de las plantas, esto los hace poco competitivos en el mercado
europeo por lo que la crisis se traduce en una gran pérdida de puestos de
trabajo.
En el extremo opuesto destacan provincias que antes perdían
población y que en el
2000 tienen saldo positivo. Los factores son, como se ha
comentado en la pregunta anterior, por un lado el desarrollo del terciario,
especialmente el turismo en las provincias costeras, y también la expansión
industrial desde los focos primarios de
Madrid, Bilbao y Barcelona. Los ejes son tres: la fachada
mediterránea (Cataluña, la
Comunidad Valenciana, la Región de Murcia y las Islas
Baleares), el valle del Ebro (en el que se aprovechan las buenas comunicaciones
con el País Vasco, Cataluña y
Madrid que han favorecido la expansión industrial de los
complejos industriales de
Vitoria-Miranda de Ebro y los del noroeste de Navarra), y
Andalucía en la que destacan sobre todo los polos industriales de Huelva y
Campo de Gibraltar (química), Sevilla (metalurgia y alimentación), Cádiz
(astilleros), y Málaga (metalurgia, alimentación y textil).
5.34
1.
Más
de 100000 extranjeros residentes tienen Cataluña, la Comunidad de Madrid y Andalucía.
2.
El principal factor que explica el gran número de
inmigrantes en España es su buena situación económica que convierte a este país
en un atractivo para la población procedente de los países más pobres como los
del norte de África o América Latina.
La situación de España, además, la convierte en la puerta
para entrar en Europa para los norteafricanos, y para los hispanoamericanos la
afinidad cultural y lingüística es también un importante factor de atracción.
Por otro lado, el clima suave y cálido explica el fuerte incremento de
residentes extranjeros procedentes del norte de Europa, especialmente los
jubilados.
En cuanto a la residencia en España, los trabajadores
cualificados, titulados universitarios y técnicos, procedentes de países
europeos y americanos, suelen afincarse en Madrid y Barcelona; mientras que los
trabajadores sin cualificar, que trabajan en tareas agrícolas, en el servicio
doméstico, en la construcción, trabajos eventuales, etc, que suelen ser
marroquíes, suramericanos y asiáticos, están más repartidos en las provincias
costeras, las que tienen una demanda importante de mano de obra agraria, y
también en Madrid y Barcelona.
3.
Entre
las consecuencias se pueden citar tanto positivas como negativas. Entre las primeras hay que destacar el importante aumento de la mano
de obra: la mayoría de los inmigrantes ocupan puestos de trabajo que son
rechazados por los españoles, la recogida de la fresa de Huelva, de la pera en
Lleida, la alta producción de los invernaderos de Almería, el funcionamiento de
los hoteles de la Costa
Dorada o la del Sol, muchas obras de la construcción, el
servicio doméstico o el cuidado de ancianos, no serían posibles sin los
trabajadores extranjeros. Al mismo tiempo, esto representa un aumento en las cotizaciones sociales, y también un
aumento en la natalidad y por tanto el incremento del crecimiento de la población ya que
los inmigrantes de primera generación mantienen las pautas de sus países de origen con
una fecundidad alta.
Entre las consecuencias negativas hay que destacar que,
debido a las dificultades de integración, muchos inmigrantes que llegan con la esperanza
de encontrar trabajo y mejorar sus condiciones de vida, no lo pueden conseguir y
se ven marginados en guetos, en lugares donde las tasas de desempleo son altas y
las condiciones de supervivencia son muy duras, por ello surgen conflictos de
convivencia que pueden llevar a la xenofobia, la violencia, etc.
1.
La
fecundidad hace referencia a los nacidos vivos con relación a la mujer y no al conjunto
de la población. La
tasa global de fecundidad relaciona los nacidos en un lugar determinado con el
número de mujeres entre 15 y 49 años, es decir, el número de hijos por mujer en
edad de procrear. La natalidad es el número de nacidos en una población,
generalmente se expresa en tasas, es decir, los nacimientos al año por cada mil
habitantes.
2.
El mayor índice de fecundidad lo tienen las Islas Baleares,
Andalucía y la Región de Murcia (más de 1,4 hijos por mujer), a continuación
destacan Castilla-La Mancha, la Comunidad Valenciana, Cataluña, Extremadura, la Comunidad
de Madrid, la Comunidad Foral de Navarra y La Rioja. Éstas son las que
reciben mayor número de inmigrantes y las que tienen una población menos
envejecida.
Las comunidades con menor fecundidad son Galicia y
Asturias. En estas comunidades la población con más de 65 años supera el 17%,
además son las que reciben menor número de inmigrantes debido al escaso
desarrollo del sector secundario, el tradicionalismo de la agricultura y la
poca importancia del sector terciario.
3. El índice de fecundidad en España comienza a descender en
los años 70, a
partir de la década de los 80 el número de hijos por mujer es inferior a 2,1,
es decir, está por debajo del nivel de reemplazo generacional. En los años
siguientes el índice continúa descendiendo progresivamente hasta que en el año
1998 tiene un ligero ascenso.
Las causas del descenso son, en primer lugar, la
incorporación de la mujer al trabajo y su acceso a mayores niveles de
educación. Al mismo tiempo aparecen otras características típicas de un país
desarrollado que también hacen que disminuya la natalidad y la fecundidad:
problemas de desempleo, mayores exigencias de las familias en la educación de
los hijos, el deseo de libertad de los padres, el aumento del precio de las
viviendas y el consecuente retraso en la edad para contraer matrimonio.
Los factores que explican ese pequeño aumento en el índice
de fecundidad son sobre todo la llegada de inmigrantes y, muy en segundo lugar,
la incidencia de políticas natalistas.
5.36
1.
Lugo,
Orense, Asturias, Santander, León, Palencia, Zamora, Salamanca, Burgos, Soria,
Segovia, Ávila, Cáceres, Toledo, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Teruel, Zaragoza,
Huesca, Lleida y Castellón de la Plana.
2.
Las principales causas del envejecimiento de la población
son el aumento de la esperanza de vida y el fuerte descenso de la fecundidad
típicas de un país desarrollado.
Las consecuencias son las graves repercusiones en el
sistema de la Seguridad Social y en el alto índice de dependencia de las
personas inactivas respecto a las activas.
5.37
1.
Más
del 10% de la población tienen la Comunidad de Madrid, Cataluña, Comunidad Valenciana
y Andalucía.
Menos
del 2,5% tienen: Cantabria, La Rioja, la Comunidad Foral de
Navarra y las Islas Baleares.
2.
Las diferencias en los volúmenes de población de las comunidades
se explican por diferentes factores. En primer lugar hay que tener en cuenta la
diferente extensión de cada una de ellas y el número de provincias que las
componen, este es el caso de Andalucía. Además, el comportamiento de los factores
demográficos también ha sido desigual a lo largo del siglo XX. Todo esto
explica que Andalucía, la Comunidad de Madrid, Cataluña y la Comunidad Valenciana ,
cuya superficie representa algo menos del 14% del territorio nacional, aporten
algo más del 57% de la población total de España.
En los últimos años el peso demográfico de la Comunidad de
Madrid, Cataluña y la Comunidad Valenciana se ha incrementado, mientras que el de
Andalucía ha disminuido. La razón ha sido la fuerte emigración, aunque la
persistencia de una tasa de natalidad elevada (y su gran extensión) la mantiene
aún entre las comunidades con más población.
El menor volumen demográfico lo tienen las comunidades con
menor extensión (generalmente uniprovinciales), y también las del interior
que han sufrido un fuerte proceso de emigración desde las zonas rurales hacia las
ciudades más industrializadas o con un potente sector terciario.
5.38
1.
Más
del 3,9% de extranjeros residentes tienen las provincias insulares: Islas
Baleares y Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife en Canarias.
Entre
un 2% y un 3,9% tienen las siguientes provincias: Lleida, Gerona, Barcelona, Tarragona,
Castellón de la Plana, Valencia, Alicante, Murcia, Madrid, La Rioja y Navarra.
2.
El
principal factor que explica el gran número de inmigrantes en España es su
buena situación económica que convierte a este país
en un atractivo para la población procedente de los países más pobres como los
del norte de África o América Latina.
La situación de España, además, la convierte en la puerta
para entrar en Europa para los norteafricanos, y para los hispanoamericanos la
afinidad cultural y lingüística es también un importante factor de atracción.
Por otro lado, el clima suave y cálido explica el fuerte incremento de
residentes extranjeros procedentes del norte de Europa, especialmente los jubilados.
En cuanto a la residencia en España, los trabajadores
cualificados, titulados universitarios y técnicos, procedentes de países
europeos y americanos, suelen afincarse en Madrid y Barcelona; mientras que los
trabajadores sin cualificar, que trabajan en tareas agrícolas, en el servicio
doméstico, en la construcción, trabajos eventuales, etc., que suelen ser
marroquíes, suramericanos y asiáticos, están más repartidos en las provincias
costeras, las que tienen una demanda importante de mano de obra agraria, y
también en Madrid y Barcelona.
Entre las consecuencias negativas hay que destacar que,
debido a las dificultades de integración, muchos inmigrantes que llegan con la
esperanza de encontrar trabajo y mejorar sus condiciones de vida, no lo pueden
conseguir y se ven marginados en guetos, en lugares donde las tasas de
desempleo son altas y las condiciones de supervivencia son muy duras, por ello
surgen conflictos de convivencia que pueden llevar a la xenofobia, la
violencia, etc.
5.39
1. Más de 150 hab/km2 tienen Madrid, Barcelona, Vizcaya,
Guipúzcoa, Valencia, Alicante, Málaga, Pontevedra, Islas Baleares, Santa Cruz
de Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria. Entre 100 y 150 hab/km2 tienen La Coruña,
Asturias, Cantabria, Murcia, Cádiz y Sevilla.
Las provincias del interior correspondientes a las
comunidades autónomas de Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, y la
mayor parte de Aragón tienen unas densidades muy bajas. Uno de los factores que
explica esta desigual distribución de la población son los movimientos
migratorios producidos fundamentalmente desde mediados del siglo XX en los que
la población abandona las zonas rurales para dirigirse a las ciudades
industriales. A partir de la crisis de los años 70 se produce un movimiento de
retorno que no logra aumentar la densidad de población de amplias zonas ya
envejecidas, sin embargo sí se benefician de este movimiento las zonas costeras
en las que el sector turístico funciona como un importante generador de empleo.
En las provincias costeras, sobre todo, en el Mediterráneo, se está desarrollando
una rica agricultura intensiva y se expande la industria desde el foco catalán
y conectada con Madrid y el País Vasco. La Coruña y Pontevedra en Galicia, igual
que Málaga, Cádiz y Sevilla en Andalucía, son ejemplos de cómo los ejes de desarrollo
industrial atraen la población.
Las provincias con menor densidad de población son aquellas
en las que el sector secundario no se ha desarrollado y predomina el primario
(agricultura y ganadería fundamentalmente), además, el terciario es débil aún y
solo proporciona empleos en los grandes municipios o en las capitales
provinciales.